lunes, 26 de noviembre de 2012

No ser un@ más.

 
Aún puedo recordar el día que, teorías aparte, comprobé como, lejos de lo que contara el informe PISA, la educación necesitaba una reforma de cabo a rabo. O más bien... que pensé que más que una reforma un "desmotar el tinglado y comenzar de cero" sería lo más razonable. Supongo que la inspiración le llega a cada cual en un momento distinto. A mí me vino durante una clase de matemáticas, hace cosa de dos años, no creáis que más, y me dejó grabada a fuego una idea en la cabeza que me acompaña a donde voy y doquiera que ejerzo: no quiero que sean "un@ más".
 
Recuerdo que uno de mis chicos y yo pasamos una tarde resolviendo problemas de matemáticas, en concreto de la unidad referida a áreas, cuando llegó el momento de solucionar un ejercicio correspondiente al área de un hexágono inscrito en una circunferencia. Admitámoslo: el chaval en cuestión había estudiado poca teoría (por no decir nada), pero tenía claro los principios fundamentales. Me sorprende gratamente la capacidad de mis alumnos en lo referente a las diferentes asignaturas con las que se topan, pero sus razonamientos matemáticos me fascinan, quizás porque soy de "La Vieja Escuela" donde la letra con sangre entraba y nunca me acostumbraron a razonar en exceso la ciencia. Esto es así, y así se aprende. Mucha práctica, mil ejercicios, depurar la técnica. Pero de comprender, porquito.
 
Quizás por eso cuando, sin tener ni idea teórica de lo que hablaba, resolvió el problema de aquella manera, no pude evitar ovacionarlo por activa y por pasiva. ¿Que ha de estudiar más? Ya se lo digo yo, ya se lo dice su madre. Y su padre. Y la tutora. Y los abuelos. Pero, dejando aquello a un lado, él acababa de resolver un problema y a mí, con años de experiencia en el terreno educativo encima, me había dado una gran lección e insuflado una dosis de optimismo y esperanza que celebré a lo grande. Podía sentirse muy muy satisfecho de lo que acababa de hacer. Quizás por primera vez, al menos sí por primera vez en mi presencia, HABÍA RESUELTO UN PROBLEMA DE MATEMÁTICAS. Resultados correctos me había dado cientos en aquellos meses... pero aquello definitivamente se trataba de otra cosa.
 
Cara de estupefacción la que se me quedó al escuchar al día siguiente la reprobación con la que su profesora de matemáticas había recibido su "respuesta creativa" al ejercicio. Según ella, ése no era el modo de proceder. Más bien, aclaro yo -que lógicamente recurrí a cuantos profesionales de mi confianza pude para discriminar este hecho- NO ERA EL MODO EN EL QUE EL "SOLUCIONARIO"  del libro del profesor/a decía que el ejercicio debía ser resuelto. Rapapolvo, mofa, adoctrinamiento y un pasar "a otra mariposa" que quedó ahí tan sólo para la profesora, porque lo que es el chico en cuestión regresó a casa echando espuma por la boca... y -he de confesarlo- a mi parecer con razón.
 
No me malinterpretéis. Yo llevaba años ya predicando la necesidad de "un cambio de chip", de un "hacer las cosas de otro modo", pero no fue hasta aquel momento en el que me tocó tan cerca cuando realmente me convencí. Tener que explicarle a una persona en pleno auge de su capacidad crítica y deseo de autoafirmación que hizo algo muy bien pero que si desea aprobar (visto lo visto) "ha de hacer lo que dice y como dice" el "solucionario" de su profesora... es de las cosas más duras que me he sentido obligada a hacer.
 
 
 
Deducciones matemáticas espontáneas vilipendiadas. Fotocopiables a colorear donde no te puedes salir de la raya. Redacciones con temáticas prefijadas e incuestionables. Todos la misma canción y al unísono. Todos a la vez a hacer la ficha. Esa pegatina no va ahí, sino ahí. No saques los pies del plato...
 
Me pregunto si somos conscientes, como ciudadanos de a pie, padres y madres, hacia dónde nos lleva ésto. Hasta qué punto es compatible esta línea de trabajo con nuestros chavales (en la escuela, en casa y en la calle) con el ideal de ciudadano crítico y capaz que se supone deseamos formar. Lo mire por donde lo mire, no encuentro en qué momento doblegar la voluntad de una persona, obviar e incluso ridiculizar sus intentos de expresar creativamente su individualidad, acaba dando como fruto a algo diferente de un borrego. Y, acto seguido, pensando en que no somos los padres y madres sino el Estado el que dictamina por ley los objetivos y contenidos e incluso oposita en torno a metodologías homogeneizadoras a l@s docentes, la respuesta me surge sola: ELLOS sí que saben lo que quieren y lo están haciendo muy bien para conseguirlo.
 
Por mi parte, me lleva el doble de tiempo, pero cada vez que tenemos que resolver un problema de matemáticas desde ese día primero lo hace él "a su estilo" y después, si no coincide con las manías de su profe, lo traducimos a "lenguaje de solucionario". Un poco triste tener que llegar a estos extremos, pero no me siento capaz de aplastar una mente maravillosa como quien pisa a una hormiga...



1 comentario:

  1. Cuanto coincido contigo Carmen. Es tan complicado querer hacer las cosas de otra forma y que no te dejen hacerlo. Pero es a la vez tan necesario, a veces, que te dirijan, o más bien, que te guíen, que no es lo mismo. Desde luego en un estado en el que se ha de "educar" a 27 niños a la vez en una clase y por una sola persona, tiene que ser muy difícil estar pendiente y respetar a cada individuo, adaptarse a su forma de resolver las cosas. Ma parece que me he enrrollado mucho, he divagado mucho y no me he expresado muy bien. Estoy espesa...me encantaría ir esta tarde.Muacc

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