miércoles, 28 de noviembre de 2012

Tiempo

Uno de los factores que más invito a analizar en las sesiones de madres y padres es el TIEMPO. Es frecuente que surjan dudas en torno a conductas "disruptivas" en niños y niñas, las etiquetas de TDAH se reparten como rosquillas y- cuando aún es quizás demasiado pronto para colocarlas como quien cuelga post-its-, a las mamis y a los papis nos preocupan las rabietas. Peques "pasados de rosca", que no atienden a razones, que no "obedecen". Explosiones aparentemente inexplicables de llanto, risa o ambas cosas, arranques de carácter que dejan perplejo hasta al progenitor más implicado. "¿Qué sucede?", me preguntan. Y, aunque no siempre tengo respuesta, no existen varitas mágicas y cada caso hay que verlo por separado, suelo plantearles: Contadme en qué invertís vuestro tiempo.
 
Trabajo y más trabajo, compromisos familiares, laborales, sociales y cibersociales varios: los adultos no somos conscientes (al menos hasta que el cuerpo dice "basta" y somatiza por los cuatro costados) de la barbaridad de horas que invertimos en llevar un ritmo frenético de existencia full-time. Aparentemente, podemos con todo: aparentemente. Pero ¿qué sucede con los ritmos de los niños? ¿Los conocemos, sabemos respetarlos, damos margen para que puedan mantenerlos o por el contrario los arrastramos a nuestra vorágine cotidiana obviando las señales que nos indican que evidentemente, ellos no son adultos y el estrés también puede superarles?
 
Tarde, tarde... siempre vamos tarde
 
 
Gestionar las piedrecitas que aparecen en el camino familiar implica, por parte de los adultos (que se supone que somos "los que controlamos") unas dosis importante de paciencia, eso es evidente, pero sobre todo de sensibilidad: sensibilidad para sintonizar con los ritmos de nuestros hijos, con sus verdaderas necesidades y anhelos, para alinear en la medida de nuestras posibilidades nuestras conductas y las suyas y detectar a tiempo, siempre que sea posible, los desencadenantes de los conflictos. No funciona siempre, pero sí a menudo, el escuchar como palpita "el corazón de la familia", como respiran "sus pulmones", para detectar y evitar a tiempo un "constipado relacional" de esos que, una vez en marcha, tanto nos preocupan.
 
¿En qué inviertes tu día?¿Cuánto tiempo REAL pasas con tu hij@? No en horas y cuerpo, sino en ALMA. ¿Pensaste al despertar hoy por la mañana que a lo mejor sus planes para el día que comienza poco tienen que ver con los tuyos?¿Con qué frecuencia goza de margen para decidir qué hacer, cómo y cuándo en lo que respecta a su existencia? ¿Estás especialmente ocupado o estresado? ¿Piensas que tus estreses -en negativo o no- no afectan al del resto de las personas que te rodean?
 
No es la panacea. Evidentemente no. Pero la cuestión tiempos- ritmos suele ser TAN, TAN, TAN IMPORTANTE -sobre todo cuanto más pequeños son los hij@s- que ante brotes conductuales "raros" siempre pregunto a los padres lo mismo:
 
"Piénsalo bien. Bien pensado. La respuesta es sólo tuya/vuestra. ¿Hay algo que pueda estar provocando que se comporte así?"
 
Muchas veces, la palabra TIEMPO  es la clave.
 
 

2 comentarios:

  1. ME lo tomo como una consulta personal jajajajaja
    Y no, quizás en otros momentos, en muchos momentos si, pero ayer...pues si, sería cuestión de tiempo, estaría demasiado cansado para comer, necesitaría dormir, si no no se explican las 4 horas que se pegó. Desde luego más razón que un santo. Mientras menos tiempo ESTAS con ellos más irascibles se vuelven.
    Un beso

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  2. Muchas gracias por la reflexión... me parece muy acertada...
    ;D

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