martes, 26 de noviembre de 2013

Pues no... no soy como Supernanny

 
Creo que una de las cosas que más escucho cuando hablo sobre mi manera de trabajar es la frase "¡Ay, cómo La Supernanny!". Respiro y trago saliva. Es complicado contestar a eso sin resultar desagradable, máxime cuando la persona de enfrente realiza una afirmación con el objetivo de darte a entender, con toda la buena intención del mundo, que captó el concepto. Ojalá lo que yo hago fuese tan sencillo de entender como lo que hace Supernanny, señora contra la cual no tengo nada en lo que a lo personal se refiere, pero a la cual no aspiro a parecerme profesionalmente ni tan siquiera de lejos. Y no es que "lo que yo hago" rebose misticismo por los cuatro costados. Es más: reconozco haber sufrido absoluta fascinación por las técnicas de modificación de conducta en mi época universitaria. Simplemente... es que por suerte un día la vida me hizo madre...y comprobé desde el sentimiento que UN NIÑO NO ES UNA PALOMA.
 
Luego llegaron los grupos de padres y madres, las charlas largas y tendidas, las lágrimas en el rabillo del ojo y las preocupaciones compartidas por tantas y tantas personas... y encontré en mil rostros diferentes la misma sensación de desconcierto, el mismo profundo anhelo por dar lo mejor de sí mism@... y las mismas limitaciones emocionales, esas que casi tod@s compartimos y que dificultan sorprendentemente algo tan natural como debiera ser la crianza. Supernanny no sabe de esto. O prefiere no entrar en esto... Supernanny se queda corta.
 
Y nunca he reflexionado esto en voz alta, o al menos de manera pública, a pesar de que en el "tú a tú" tengo por costumbre explicar que una cosa es trabajar a domicilio (como a mí me gusta hacer) y otra cosa es parecerme a esa señora. Los electricistas también trabajan a domicilio, oiga... y algun@s fisioterapeutas, y el chico que reparte las pizzas... ¿determina una labor su emplazamiento o aquello en lo que la misma consista?
 
Mi perspectiva, mi modo de enfocar las cosas es la de la crianza respetuosa/con apego. Respeto hacia los niños/as y sus necesidades, por supuesto, pero también hacia las que padres y madres sienten, y sufren y, ante las cuales, por un motivo u otro, muchas veces se mira hacia otro lado y no se busca respuesta. Y pienso y hago lo mismo en tu casa, que sentada delante de un café, que tras la mesa de un despacho. Además, por si sirve de algo para seguir marcando diferencias desde lo absurdo... jamás me veréis llegar en traje de chaqueta... jejejeje.
 
Podría contaros más, pero en lo que a mí me atañe, ya está todo dicho. Os enlazo a continuación un estupendo post de Edúkame, donde podréis entender un poquito más por qué ni quiero ser, ni acostumbro a ver a esta señora.
 
 

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