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jueves, 29 de agosto de 2013

Campamento familiar de magia... toda una experiencia.

 
Aunque con cierto retraso (!cómo podría llamar a este Verano si llevase perfectamente al día mi presencia en Redes!), aprovecho un ratito de tranquilidad para contaros mi particular vivencia del Campamento Familiar de Magia al que tuve la suerte de asistir hace un par de semanas. Será que el aire fresco que estas noches nos acompaña me recuerda a la Sierra, o quizás que mi peque lleva toda la tarde persiguiéndome con la baraja de cartas en la mano y diciéndome eso de "Mira mami!!! Como el mago Jossan!!! Te hago un truco??? Mete un dedo y coge una carta!!!"... jejejeje.
 
  
Cuando desde el Departamento de Actividades de Sevilla Para Niños me plantearon la idea me pareció estupenda. !Vacaciones familiares en plena naturaleza! Lo habitual es escuchar hablar de campamentos para niños. Pero !un campamento para toda la familia!!En el Remolino!!! (me declaro absoluta fan desde haceaños y forever and ever!!!). Y encima haciendo lo que a mi peque más le gusta (magia)! ESO YO NO ME LO PIERDO!!!
 
Y menos mal que no me lo perdí, porque lo que de allí nos llevamos (me llevé) superó con creces mis expectativas: los entresijos de algunos juegos de magia con los que sorprender a amigos y familiares, muchos "!OOOHHHHH!" y "!AHHHHHH!" de asombro ante las ilusiones de nuestro mago particular, carcajadas de las buenas, noches de cielo estrellado e incluso !nuestros propios aplausos!. A ver quién pensaba que en estas cosas sólo disfrutaban los críos. Porque los papis y las mamis enseñábamos poco orgullos@s nuestras recién creadas varitas mágicas y perseguíamos a Jossan por los rincones para las famosas "tutorías". !Vamos, ríase usted de Hogwarts, tiembra Harry Potter!
 
 
 
Y supongo que pesaréis que esto ha pasado de ser un blog profesional a uno personal y yo no he avisado, porque esto parece más una batallita veraniega que otra cosa. Pero aún a riesgo de que pueda parecerlo, no quisiera despedir el verano sin agradecer a tooooooodos los amigos y amigas que hicieron del Campamento Familiar de Magia algo más que una idea y lo convirtieron en una tremenda y enriquecedora experiencia personal y profesional. Porque iniciativas así, como la que han tenido la valentía de poner en marcha Jossan y Dani, nos enseñan lo gratifcante que puede ser el ocio en familia entre familias: el compartir momentos, inquietudes, afinidades y actividades. Padres, madres, hijos e hijas junt@s, revuelt@s y sin revolver. Disfrutando de una sobremesa tranquila entre pintura de dedos o siendo regados como lechugas en pleno huerto con absolutos desconocidos que en pocos días pueden pasar a apreciarse sobremanera.
 
Con respecto a los niños, !pues qué os voy a contar! Verlos concentrados, regadera arriba regadera abajo, dando de comer a los caballos, no saber por dónde andará correteando el peque y aún así respirar tranquila porque seguro seguro que un coche no le pilla... un lujazo, la verdad. Para ellos por poder disfrutarlo y para nosotros como m(p)adres por tener la suerte de presenciarlo.
 
 
  
 
 
 
Me planteaban algunos partcipantes que este tipo de iniciativas eran una buena manera de introducir a chicos y chicas en los campamentos veraniegos. Pues sí. Para que otros años puedan ir solos. Pues también. Para ver cómo se desenvuelve nuestro hijo/a con sus iguales y fomentar que se relacione. Cierto. La verdad es que utilidades le veo muchas. Pero añado yo que hay pocas cosas más enriquecedoras para una familia que el divertirse unida, cooperar para conseguir un objetivo, ponerse al mismo nivel y ser todos un poco niños, aunque sea tan sólo por unos días. Mientras que ensayábamos los trucos (ups! perdón! "juegos") para la actuación final no había padres, ni madres, ni hijos... el barco era el mismo para todos y pude sentir como a todos vino a beneficiar esa perspectiva que pocas veces adoptamos. En ocasiones los roles que desempeñamos nos hacen olvidar quiénes verdaderamente somos.  Es gracias al juego donde p(m)adres y hij@s confluyen y pueden hablar el mismo idioma.
 
 
¿Llevarlo otro año solo? Puede. Pero, para seros sincera, ahora mismo YO LO QUE QUIERO ES VOLVER CON ÉL!!! ;) (¿dónde hay que firmar, dónde hay que firmar? jejeje).



 

 
 
 




martes, 30 de abril de 2013

"El silencio de los baberos"

El domingo por la mañana asistí, como en casa tenemos por costumbre, a una representación teatral infantil. En esta ocasión la obra elegida era "Cascarón de Huevo", de Títeres Caracartón. A mi peque le fascina acudir a representaciones artísticas de todo tipo (teatro, conciertos, danza... !casi todo le embelesa!) y yo es algo que disfruto sobremanera, posiblemente porque ese gusto lo compartimos y las pasiones compartidas son muy bien vividas.

Imaginadnos inmersos en el ritual habitual que tanto le fascina: los nervios previos a la apertura de puertas, las entradas preparadas que por supuesto quiere entregar él, acomodarnos y disfrutar de las vistas desde nuestros asientos, suponer qué ocurrirá e ir descontando minutos.

Pasada la hora prevista para el comienzo surge una ligera impaciencia, un "mami, no empiesaaaaa" y, finalmente, la magia se hace: la obra se presenta, las luces se apagan, y yo percibo como su disfrute se incrementa hasta límites insospechados. Una delicia, sin duda alguna... y eso que la función aún ni ha comenzado.

"Con música y sin palabras". Así la describió la artista poco antes de posicionarse junto a sus títeres e iniciar la escenificación de una historia realmente bella por su sencillez, dulzura y valores asociados. Una obra para peques que cualquier mayor puede disfrutar con sólo dejarse llevar por el argumento. Siempre y cuando entienda, eso sí, qué significa SIN MÚSICA Y SIN PALABRAS.

Hagamos un sencillo ejercicio mental. Imaginémonos ubicados en la cuarta fila del Teatro de la Maestranza. Representación de "El lago de los cisnes" de la mano de una famosa compañía. El público deslumbrado, casi sin aliento, contempla a l@s artistas dando lo mejor de sí mism@s en una indescriptible muestra de ARTE con mayúsculas. Es entonces cuando, el señor de la tercera fila, cuarta butaca comenzando por la izquierda, ilustra a su señora esposa: "Mira cariño mío, ¿ves? es un cisne.... ooohhhhh.... !qué bonito que es el cisne! Vamos a decirle con la manita... !CIIIIISSSSSNEEEEE!" -lo único que suena en la sala, los usuarios del resto de las butacas se revuelven algo contrariados-. Pero no queda ahí la cosa... su mujer, docta en la materia, puntualiza "Sí, sí... mira... que carita ponen... eso es porque está triste... y ahora se miran enamorados... ¿ves, churrita mía? ¿Ves cómo se quieren? Es que se quieren mucho... ¿les pedimos que se den un besito de amor? !BESITO DE AMORRRR... BESITO DE AMORRRRR... BESITO DE AMORRRR!".
El resto de la sala permanece en silencio mientras la orquesta suena como puede... y los bailarines hacen el esfuerzo de no perder el hilo de lo que iban haciendo. Así no una, ni dos, ni tres veces... TODA LA OBRA.

No sé por qué, tengo el total convencimiento de que el señor que se empeñó en describirle a su hija de -me juego el brazo sin temor a perderlo- 3 años y pico hasta el último estornudo del pollito protagonista de "Cascarón de huevo" se hubiese cuidado muy mucho de dar el mismo espectáculo durante "El lago de los cisnes". Y yo me pregunto ¿por qué?.

- ¿Qué parte de "Con música y sin palabras" no entendemos? ¿Presuponemos que el motivo por el que una obra carece de texto es por comodidad de quien la escribió o somos capaces de vivir -y enseñar a vivir a nuestros hijos- la obra de arte en el formato en el que está, dejando margen a que el autor/autores (as) nos inunde y sorprenda y a que nuestros hij@s se dejen inundar y sorprender?

- ¿Por qué tratamos a nuestr@s peques como si necesitasen explicación de todo y para todo? ¿Tan listos nos creemos que si no damos la respuesta antes incluso de que les surja la pregunta y traten de hallarla tenemos el convencimiento de que "ese hondo vacío" se alojará para siempre en sus "insignificantes existencias"?

- ¿Por qué nos cuesta tanto "dejarles ser": pensar, sentir, experimentar "en blanco", extraer sus propias conclusiones, obtener sus particulares explicaciones? ¿Cómo queremos, en unos años, contar con adultos críticos, plenos, creativos y capaces si los lastramos con nuestras visiones limitadas, explicaciones limitadas y manidas, vivencias de progenitores-cebolleta y "recetas mágicas" para seguir siendo "más de lo mismo por los siglos de los siglos"?

- ¿Por qué nos cuesta tanto bregar con los silencios ajenos, o al menos no aceptar que nos inquietan porque no sabemos gestionar el vacío interior que provocan los propios?

Esos fueron mis "¿por qués?" durante los cinco primeros minutos de obra. Mi hijo, de 3 años recién cumplidos, no me dijo qué pensó, pero dado que el buen señor estaba sentado justo detrás de nosotros se limitó a girar la cabeza varias veces y a mirarlo como quien mira al compañero de butaca que está "dando el cante" en plena "apoteosis de Chaikovski". Afortunadamente, la obra supo eclipsar los comentarios, que por cierto no cesaron ni un minuto, y pudimos disfrutarla al máximo, porque realmente la elección de la música como hilo conductor de la historia no podría haber sido más acertada.

Pero aquí me quedo yo, cual Iker Jiménez educativa, dándole vueltas a aquellas frases, aclaraciones, indicaciones... ¿No se cansaba aquel buen señor?¿No se le ocurrió ni por un segundo pensar que molestaba al resto de los usuarios y menospreciaba el trabajo de la artista? ¿De veras le sorprendía que su hija no estuviese disfrutando de la obra y le pidiera insistentemente irse? ¿Aquella niña se enteró de algo aparte de que las ranas hacían croac croac y que por lo visto todos los cerditos son amigos de Peppa Pig -cosa que, por otro lado, buen hombre de mis amores, no es verdad... y su hija de tonta ni tiene un pelo-?

Muy al margen de todo esto, mis frecuentes visitas a las actividades de ocio infantil, que los papis y mamis que me conocen saben que recomiendo encarecidamente -cuentacuentos, teatro, exposiciones y un largo etcétera de experiencias vitales enriquecedoras- me hacen cuestionarme si nos planteamos una educación artístico-emocional-vivencial para nuestros hijos y el por qué o para qué hacemos ciertas cosas: si tiene sentido obligar a un niño/a a leer, o a permanecer en el cuentacuentos cuando ya no desea estar y tan sólo molesta a otros peques, papis y mamis... o a tener que ver una obra de teatro, por muy estupenda que sea, de la cual no se está enterando porque nosotros mismos "se la estamos destripando viva".

Pero de todo esto, quizás por lo muchísimo que tengo que hablar, seguiré escribiendo otro día. Mientras tanto, me interesa conocer vuestras opiniones. !Buenas noches a tod@s!.





PD: Preciosa obra. Muchas felicidades a la compañía!!!