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sábado, 17 de mayo de 2014

La buena comunicación con l@s hij@s. Escuela de familias en la EI "La Casita" (Sevilla Este)


  Creo que una de las cosas que más me llena de mi trabajo es la oportunidad que me brinda casi todas las semanas de compartir reflexiones con grupos de madres y padres. Algunos, grupos fijos, otros, más o menos esporádicos. Pero de todos acabo saliendo con una sensación de riqueza personal que no puedo dejar de agradecer. Porque si bien es cierto que cuando acuden a mí lo hacen como profesional y "experta" en la materia, no hay nada como lo que se trabaja y aprende en interacción con otr@s. Y yo vivo en continuo aprendizaje gracias a todas esas amigas y amigos.


Un fuerte abrazo para todos ellos/as, y en particular para l@s que me acompañaron ayer tarde en la EI "La Casita I", de Sevilla Este. Algun@s ya estuvieron conmigo trabajando "Juego y Juguete" las pasadas Navidades. Otr@s, han sido nuevas incorporaciones que vienen como siempre, a enriquecer nuestros encuentros. A tod@s ell@s, muchas gracias.


¡Espero volver a veros pronto!







jueves, 15 de mayo de 2014

Próximas sesiones gratuitas para padres y madres.


El curso escolar llega a su fin, los primeros calores comienzan a apretar y, antes de iniciar el parón veraniego, aprovechamos la energía solar para emprender una nueva iniciativa.

De la mano de los amigos de Andalucía para Niños tendrán lugar próximamente sesiones gratuitas de escuelas de familias en diferentes municipios de la provincia de Sevilla y en las que espero poder contar con tod@s vosotr@s.

Aquí lleváis el primero de los carteles. 23 de mayo, CEI El Jardín de los Sueños, en Coria del Río.

Nos vemos allí! ;)



viernes, 28 de marzo de 2014

No somos mercancía... el peligro de las etiquetas.

 
Porque tod@s somos blanco y negro, ying y yang, sol y luna... Las etiquetas encasillan y nos impiden mostrar al completo nuestra esencia como personas. No existen etiquetas positivas; no si con ellas dejamos de ser nosotros para acabar siendo víctimas de las expectativas. Y tú... ¿recuerdas cuál era/es la tuya y cómo condiciona tu manera de ser, sentir o actuar?
 
 
 

jueves, 6 de marzo de 2014

El mundo en el que no todo es fabuloso. Legoreflexión.

 
Si hay una frase que circula de madres a padres (o de padres o madres, o...) en el momento en el que un peque entra a formar parte de la familia es esa de "menudo lote de cantajuegos te vas a dar!!!". Enseguida hay quien refiere que su hij@ se pasó más de dos meses viendo a todas horas la misma película y que un@, por no tener más remedio, acabó sabiéndose hasta los diálogos de "Frozen". Aún recuerdo la época que tuvimos con "Monstruos S.A". O la racha "Toy Story 2". En fin, como suele decirse : "quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra". Todo tiene su razón en esta vida. Aunque la entrada de hoy no es para reflexionar en torno a eso.
 
Y es que los dibujos animados se asocian a los niños como lo hacen los cuentos infantiles, las tardes de parque, las rodillas arañadas y el pan con nocilla. Reconozco que acabé tan harta de cantajuegos que los tengo escondidos, aun cuando por la naturaleza de mi trabajo los encuentre hasta en la sopa. La literatura infantil no, esa me fascina. Desde la originalidad y profundidad de algunos textos a esas estupendas ilustraciones. Y las películas... dan mucho que pensar, sinceramente.
 
No entraré aquí a analizar la conveniencia de ver o no la tele, la importancia de restringir horarios, seleccionar contenido, etc. En alguna ocasión ha salido el tema a colación en mi muro de facebook y puede que en algún momento la traiga aquí. Simplemente, no quería quedarme con las ganas de reflexionar en voz alta, y creo que es un excelente espacio para ello, sobre cómo de un tiempo a esta parte encuentro algunas películas cargadas de un mensaje directo al corazón del mundo adulto. Que sí, que a los peques les gustan. Pero a buen entendedor pocas palabras bastan. Y si eres padre o madre y sales de la "legopelícula" totalmente indiferente, es que en algún momento te has perdido.
 
Dicen los entendidos que destripar una película o serie es hacer "spoil" y nada más lejos de mi intención. Hace dos semanas que estuvimos en el cine y desde entonces llevo dándole vueltas a lo mucho que me impactó la última parte de la misma. El comienzo, flojillo, o sería que aún no había aterrizado en la sala. Desarrollo y nudo,  decente, todo amenizado con muchos ladrillos encajables, ruedas y pivotes que, por qué no reconocerlo, son nuestra gran afición en las tardes de juego familiar. El peque alucinado en su butaca: increíble lo que le fascina la gran pantalla desde incluso antes de cumplir un añito de vida: casi ni respira. Pero fue llegar al desenlace y a mí se me abrieron los ojos como platos: una mezcla alucinantemente rebuscada de Matrix en estado puro y... bofetón de realidad sociocultural al canto. Hasta aquí puedo leer.
Que conste que los de Lego no me pagan comisión por escribir esta entrada (jejejeje). Pero si sois papis y mamis de mentes inquietas y propósito de mejora... yo me la apuntaba en la lista de cosas pendientes.
 
Batiburrillo "legomegablockmarcalacabra" resultante
de una de nuestras tardes de juego. Cuando se trata de
creatividad !todo vale! ;)
Tratando de olvidar que soy una adulta, mirándonos desde fuera, siento algo de penita. La gran mayoría de los papis y mamis de hoy somos niños y niñas incompletos en alguna medida: quizás crecimos demasiado pronto. O con necesidades no del todo satisfechas, tal vez poco aceptadas, censuradas o con heridas no cerradas. Tampoco vamos a montar un drama, pero es importante ser conscientes de ello (como expléndidamente muestra mi amiga Carmen aquí), porque de un modo u otro afecta a nuestro modo de comportarnos como progenitores. Somos seres con nuestra propia mochila experiencial... y anda que no "canta" la mochila en casi todo lo que hacemos o cómo lo hacemos!
 
¿Qué utilidad puede tener esto? Autoconocerse, autoaceptarse, autoperdonarse.... crecer. Cualquiera de estas cosas, todas a la vez. Ninguna. Cada cual paga su entrada y se lleva de la sala lo que quiere o lo que puede.
Lo que sí tengo claro es que si quieres disfrutar como un niño cuando juegas, sólo hay una regla: no existen reglas.
 
A ver cuánto nos lleva aprender a desaprender ciertas cosas.

 
 
 

martes, 26 de noviembre de 2013

Pues no... no soy como Supernanny

 
Creo que una de las cosas que más escucho cuando hablo sobre mi manera de trabajar es la frase "¡Ay, cómo La Supernanny!". Respiro y trago saliva. Es complicado contestar a eso sin resultar desagradable, máxime cuando la persona de enfrente realiza una afirmación con el objetivo de darte a entender, con toda la buena intención del mundo, que captó el concepto. Ojalá lo que yo hago fuese tan sencillo de entender como lo que hace Supernanny, señora contra la cual no tengo nada en lo que a lo personal se refiere, pero a la cual no aspiro a parecerme profesionalmente ni tan siquiera de lejos. Y no es que "lo que yo hago" rebose misticismo por los cuatro costados. Es más: reconozco haber sufrido absoluta fascinación por las técnicas de modificación de conducta en mi época universitaria. Simplemente... es que por suerte un día la vida me hizo madre...y comprobé desde el sentimiento que UN NIÑO NO ES UNA PALOMA.
 
Luego llegaron los grupos de padres y madres, las charlas largas y tendidas, las lágrimas en el rabillo del ojo y las preocupaciones compartidas por tantas y tantas personas... y encontré en mil rostros diferentes la misma sensación de desconcierto, el mismo profundo anhelo por dar lo mejor de sí mism@... y las mismas limitaciones emocionales, esas que casi tod@s compartimos y que dificultan sorprendentemente algo tan natural como debiera ser la crianza. Supernanny no sabe de esto. O prefiere no entrar en esto... Supernanny se queda corta.
 
Y nunca he reflexionado esto en voz alta, o al menos de manera pública, a pesar de que en el "tú a tú" tengo por costumbre explicar que una cosa es trabajar a domicilio (como a mí me gusta hacer) y otra cosa es parecerme a esa señora. Los electricistas también trabajan a domicilio, oiga... y algun@s fisioterapeutas, y el chico que reparte las pizzas... ¿determina una labor su emplazamiento o aquello en lo que la misma consista?
 
Mi perspectiva, mi modo de enfocar las cosas es la de la crianza respetuosa/con apego. Respeto hacia los niños/as y sus necesidades, por supuesto, pero también hacia las que padres y madres sienten, y sufren y, ante las cuales, por un motivo u otro, muchas veces se mira hacia otro lado y no se busca respuesta. Y pienso y hago lo mismo en tu casa, que sentada delante de un café, que tras la mesa de un despacho. Además, por si sirve de algo para seguir marcando diferencias desde lo absurdo... jamás me veréis llegar en traje de chaqueta... jejejeje.
 
Podría contaros más, pero en lo que a mí me atañe, ya está todo dicho. Os enlazo a continuación un estupendo post de Edúkame, donde podréis entender un poquito más por qué ni quiero ser, ni acostumbro a ver a esta señora.
 
 

martes, 29 de octubre de 2013

Claves para elegir un buen juguete

 
Más del 50% de los juguetes que tiene tu hij@ en su cuarto no sirven para nada. Ni los que tiene el tuyo, ni los que tiene el mío, seamos sinceros. Y sin embargo, ahora que se aproxima el momento de redactar la carta a Sus Majestades de Oriente, ya estamos tod@s pensando en qué más pedir para satisfacer "supuestas necesidades supuestamente no resueltas": los catálogos comienzan a llenar los buzones, la publicidad su habitual bombardeo... los peques lo quieren todo y sus papis y mamis, por qué no reconocerlo, también.
Pero luego pasa lo que pasa: la ansiada mañana llega, los paquetes más que abrirse se devoran, dos primeros días alucinantes... y a la estantería o al baúl junto a los otros: muñecas, coches, ordenadores infantiles, artilugios varios (siempre último modelo). !Este niñ@ no valora nada, se aburre enseguida! - escucho a menudo.
"Quizás se lo estemos poniendo todo demasiado fácil" es el argumento más habitual que viene a sustentar la idea de que "no valoran nada" porque tienen de todo. Puede que así sea. Puede que no. Lo que llevo un poco mal, lo reconozco, es esa tendencia a culpar al niño/a de algo que normalmente es responsabilidad del adulto, pero que éste no quiere asumir. Acusar a niños de 2, 5 o 7 años por su falta de ética de consumo y responsabilidad social suena a chiste, sobre todo cuando en muchos adultos estos valores brillan por su ausencia. Quizás merezca más la pena pensar qué podemos estar haciendo "no del todo bien" para tener las habitaciones en modo "overbooking" y cada vez a más niñ@s mortalmente aburrid@s.
 

 

EN QUÉ PENSAR A LA HORA DE ELEGIR UN BUEN JUGUETE

 
 
- El 90% del juguete, es la niña o el niño que de él hace uso:
 
Nuestro pensamiento adultocéntrico nos lleva a valorar en un juguete aspectos tecnológicos, estéticos y comerciales (por ejemplo, marca) que para un niño/a pequeño carecen de valor. Sin embargo:
 
a) Cuanto más haga el juguete por el niño, menos hará el niño, es decir: más inútil será el primero. Un juguete al que le falta hacerte la cena no deja al niño jugar. Es lógico que se quede aparcado en un rincón a la primera de cambio. Si sólo permite un modo de juego correcto, si no deja "sacar los pies del plato" (que es en definitiva lo que uno debe hacer cuando juega: innovar, experimentar, crear), será muy chulo, pero poco más.
 
b) Cuando más condicione nombre o marca, más oportunidades de juego espontáneo y no estructurado se pierden: es indudable que a todos los niños les gustan los personajes de sus series favoritas y son los que habitualmente piden para jugar. Pero las posibilidades de creación y espontaneidad que ofrece la famosa muñeca sirenita son bastante inferiores a las de otra muñeca de "marca blanca" y sin rol predeterminado. Con la segunda un niño o niña puede crear desde 0. Con la primera parte de la creación viene con frecuencia condicionada.
 
AVISO: Aspirar a que nuestro niños/as prescindan de sus personajes favoritos es una gran utopía. Pero siempre es posible cuidar la variedad de opciones que ofrecemos. Los adultos sabemos que si alguien puede sacar una nave espacial de una simple caja de cartón, ése es un niño/a. No les subestimemos ni apoyemos por sistema la pérdida de semejante tesoro.
 
 
- El juguete es para el peque, no para tí:
 
Tod@s hemos crecido con anhelos incumplidos, para qué lo vamos a negar. Esa pista de carreras o el proyector de cine de moda, la casita de los muñecos de la tele o el perrito que anda, ladra, hace pis y da la pata. A todos los padres y madres nos sale de dentro esa tendencia a "darle a nuestros decendientes aquello de lo que carecimos". Pero seamos honestos con nosotros mismos. Hay NECESIDADES y "necesidades". Proyectar nuestros sueños incumplidos en nuestros hijos puede llevarnos a generar falsas urgencias que a la larga dificultan una parte importante de su desarrollo como personas: saber quiénes son, qué desean y cuánto lo desean, anhelarlo, luchar por ello, celebrar éxitos y superar "derrotas" (o más bien, incorporar aprendizajes). Dejando todas estos estos argumentos tan profundos e importantes a un lado, hagamos otro planteamiento más concreto y "palpable": Si al abrir el paquete el que chilla de ilusión eres tú, asume que tu hijo puede disfrutar contigo (y en ese caso, llevará "de rebote" el mejor de los regalos, que es tu compañía), pero no te mosquees si no lo alucina en colores. Quizás sus anhelos o necesidades actuales van por otros derroteros.
 
- El tiempo es oro.
 
Jugar es el trabajo de nuestros niños/as, y eso es algo que los adultos normalmente no comprendemos. Gracias al juego se adentran en el funcionamiento del mundo: sensorial, emocional, social. Jugando exploran, simulan roles, aprenden a resolver conflictos, experimentan lo posible y lo imposible. Una niña jugando es una pequeña científica con capacidad suficiente como para realizar por sí sola (o con un LIGERO apoyo) muchos de los grandes descubrimientos que nos atribuimos como especie: la fuerza de la gravedad, el uso de la rueda, el poder del diálogo en la resolución de conflictos, la variedad de colores que pueden surgir combinando tan sólo los primarios... Gracias al juego también desarrollan las capacidades y habilidades que les acompañarán durante su vida adulta: motricidad fina, gruesa, pensamiento lógico-matemático, habilidades sociales, aptitudes verbales y lectoescritoras... Puede que en toda nuestra vida no realicemos una tarea ni tan variada ni tan completa. Y sin embargo, aquellos que pasamos más de 8 horas diarias trabajando a veces en cosas que ni nos motivan ni nos dan para vivir como quisiéramos, acortamos el tiempo de juego libre de un niño/a a la mínima expresión, relegándolo a la posición de "aquello que se hace cuándo no hay otra cosa que hacer" (hoy por hoy y con estas agendas, nunca).
 
"Se pasa el día jugando" es un reproche adulto de lo más habitual. Pero es que ni saben ni deben hacer otra cosa que ver y vivir la vida como un juego. Y para colmo, con frecuencia ni tan siquiera esto es cierto: es comenzar una actividad, persistir en ella más de diez minutos, y al que hace once el adulto impaciente comienza a resoplar o suelta un "Ea, ya has jugado!!! Ahora vamos a...". Pero por favor... !ASÍ NO HAY QUIEN TRABAJE!. Se repite con frecuencia la frase de "qué pena que tras los Reyes sólo tengan un día para jugar" y lo que verdaderamente da pena es que sea casi el único día en que les permitiremos hacerlo.
 
 
- Cantidad y variedad, totalmente indispensables.
 
Los niños tienen que tener juguetes. Bueno no. Más bien los niños tienen el DERECHO A JUGAR. Y ya hemos visto que, además de un derecho, es casi una obligación. Sobre si hacerlo con o sin juguetes ya podríamos hablar más, porque de casi todo y con casi todo se puede montar un juego tanto o más divertido y provechoso que el comercial. Pero asumiendo que en nuestra cultura este tipo de función la asumen por lo general los juguetes, a la hora de seleccionarlos es importante que:
a) Tengan suficientes: no existe un número exacto y no es bueno sobrecargar, porque se saturan y casi siempre usan los mismos obviando otros que "por formar parte del decorado" quedan relegados a un segundo o tercer plano cuando quizás tienen mucho que aportar (es mejor ir rotando los que tenemos en casa que presentarlos todos a la vez precisamente por este mismo motivo). Pero, por muy imaginativo que sea nuestro hijo/a, con un par de juguetes y sin ninguna otra opción tampoco se va a ninguna parte. ¿Cantidad? La justa para ofrecer una variedad de experiencias y animar a su uso y exploración. Si parece que tu hijo "no se entretiene con nada" (argumento que me plantean con frecuencia las mamis y papis de los más peques), en vez de dejar de ofrecerle juguetes, prueba a revisar los que tiene y si estos satisfacen sus necesidades: quizás la clave sea una buena elección y no precisamente la cantidad.
b) Sean variados: Con la cantidad de aspectos que se pueden potenciar con los juguetes, asegurarnos de ofrecer materiales que abarquen las diversas áreas del desarrollo y se ajusten a las inquietudes que en cada etapa nuestros chic@s puedan presentar, es la mejor manera de garantizar su uso.
c) Los tengan cuando sean necesarios:
Puesto que son instrumentos de trabajo, no soy de la opinión de ofrecer juguetes a los niños tan sólo en fechas señaladas. Las cosas que realmente como educadores consideremos necesarias es adecuado proporcionárselas cuando lo consideremos oportuno. En este apartado hay opiniones para todos los gustos, pero creo que es importante diferenciar entre "grandes adquisiones" o "lujos" y elementos necesarios. No entraré en los chantajes y amenazas pre-navidad, eso lo dejaremos para más adelante.
 
 
- El juguete, un espejo del mundo.
 
Precisamente porque gracias a él conocerán el mundo en el que viven y desarrollaran sus primeras habilidades y valores, es muy importante ser críticos con el material que les ofrecemos. Esto no pasa necesariamente por obviar nada, pero sí por saber qué mensaje aprenden nuestros hijos cuando lo adquirimos y/o juegan con él y decidir si estamos dispuestos a ofrecérselo o no. En este apartado juegan un papel muy importante la coeducación, la violencia, la conciencia medioambiental o de consumo... Por poner tan sólo unos ejemplos, ¿defendemos nosotros, como adultos, el consumo en cantidad o de calidad? ¿creemos en la igualdad entre hombres y mujeres? ¿nos preocupa la crisis nacional y apoyamos la recuperación del pequeño comercio?¿En qué medida los juguetes que adquirimos y cómo los adquirimos transmiten estas enseñanzas a nuestros hijos?
 
 
- Nothing compares to you.
Así reza la canción y así la canto. Si tu hija tiene una habitación de princesa Disney digna de un catálogo de interiorismo y aún así se pasa la tarde jugando en el salón "a tu vera" y ni con la megapiscina de bolas consigues que pase tu hijo pase un rato en su cuarto (salvo que le visite algún amigo), siéntete afortunad@... y aprovecha mientras puedas. Creo que una de las consultas que más frecuentemente atiendo es el famoso "aún no juega sólo" y como madre que soy no puedo evitar verme en unos años, vernos a tod@s, perisiguiendo a nuestros adolescentes y adultos jóvenes por cada esquina: a ver si logramos arrancarles un beso o "juegan un ratito con nosotros". Precisamente por ser el trabajo de un niño, es el del juego el lenguaje que mejor hablan a cortas edades. Complicidad, conocimiento y sincronías mutuos como los que se alcanza en un momento de juego real con tu hij@ (cuando los adultos conseguimos realmente jugar y obviamos whatsapp, portátil, tele y palomas mensajeras varias) son de un valor incalculable. Redúcele "las chascas" del dormitorio a la mitad y  pasa el doble de tiempo con él. Verás como ambos ganáis con el cambio.
 
 
- El dinero no da la felicidad...
 
... y nadie dijo que fuesen necesarias grandes inversiones para pasar un rato de lo más entretenido y productivo. Ya hablé un poco de esto aquí, pero no me cansaré de repetirlo (como mucho, vosotr@s os cansaréis de leerlo). Reutilizar, reinventar, reciclar... pueden ofrecernos soluciones originales y a veces incluso más funcionales que buscar en una tienda algo que ya existe (y a lo mejor ni siquiera es lo que buscábamos). Desarrollan la creatividad, favorecen el pensamiento alternativo y además !transmiten valores! ¿Se puede pedir algo más? (quizás sí... tener tanta inventiva como tienen nuestros peques... jejejeje).
 
 
- Puede que a tí no te sirva... pero quizás a otr@ sí:
 
Si has llegado a estas alturas del post, puede que te atrevas a considerar si todo lo que almacenáis ahora mismo en la "leonera" infanto-juvenil es realmente necesario. Si no es así... !no lo tires! Como el movimiento se demuestra andando, la venta, el trueque y la donación son tres alternativas que seguro os resultarán muchísimo más enriquecedoras que el deshaceros sin más de algo que, posiblemente, pueda resultar de utilidad para otras personas. Aprender a deshacernos de las cosas, a fluir, a no anclarnos en lo material y a renovarnos es algo muy complicado, máxime cuando se nos educa en la posesión y en el "eres lo que tienes". Pero ¿y si salimos de nuestra zona de confort y exploramos otras posibilidades? ¿Y si lo que necesitamos no tiene que ser necesariamente nuevo y vendiendo o adquiriendo de segunda mano ahorramos al tiempo que prolongamos la vida útil de un objeto? Y aún mejor... ¿y si prescindimos del "poderoso caballero" y trocamos, explorando los horizontes del valor subjetivo de las cosas? ¿No sería estupendo que nuestros peques crecieran sabiendo que si algo ya no nos sirve no hace falta esclavizarse a él sino que puede dejarse ir hacia otras personas que puedan necesitarlo? ¿Y si además de trocar, consideramos el donar porque no todo en esta vida tiene por qué hacerse esperando recibir algo a cambio?
 
Quizás del juego infantil no sólo puedan aprender los propios niños/as...
 
 
Espero que el megapost de hoy os haya resultado de interés o ayudado a reflexionar: si es así y pensáis que a otras personas también pueden interesarles, por favor, compartid. Y si tenéis cositas que aportar, bienvenidas sean. Así, entre tod@s, poco a poco lo iremos haciendo mucho mejor. Esa es la idea, ¿no? ;)

jueves, 14 de febrero de 2013

El barquito de cáscara de nuez

 
¿Alguna vez os habéis planteado cómo ve el mundo un niño? "Yo fui niñ@", me diréis. "Recuerdo tal, recuerdo cual, recuerdo bastante, no recuerdo casi nada". Pero, por mucho que rememoremos mentalmente, la sensación de ser niño, esa vivencia, ha quedado soterrada bajo muchas otras posteriores. De cuando en cuando, una sensación: asociada a un olor o a un sabor (la colonia que usaba la abuela, los caramelos rellenos de piñones).  Podemos concluir, más o menos intelectualmente, el cómo fue nuestra infancia. Y poco más. Una vez abandonado el País de Nunca Jamás, los adultos no volvemos. Lo rozamos, lo intuimos: al trabajar con peques, al ser padres/madres, ante una de esas sensaciones de las que antes os hablaba... Se trata de un Universo paralelo en el que no podemos entrar. ¿O será que no probamos a hacerlo?
 
Barquitos de cáscara de nuez, así visualizo yo a los niños cuando un problema, cambio o conflicto se cierne sobre la familia. Pequeños, frágiles y valientes mosquitos (como dice la canción) que han sido colocados ahí por decisión adulta y que navegan felices y confiados a pesar de su vulnerabilidad evidente en el mundo de los mayores: normas de comportamiento, reglas de funcionamiento, compromisos familiares, actividades extraescolares, viajes, rupturas, partidas, ajustados horarios y, en definitiva, un sinfín de oleajes que sortean con una habilidad espectacular en la mayor parte de las ocasiones. En situaciones más extremas la literatura habla de resiliencia -¿Quién de nosotr@s no puede considerarse un superviviente a sus circunstancias?-. En el día a día, basta observar durante un largo rato a un niñ@ para comprobar que, con la frescura y alegría con la que afrontan las cosas, hasta en los momentos más nublados cabe la posibilidad de que salga el sol.
 
Pero no nos engañemos: que nuestros pequeños mosquitos nos salgan valientes, arrojados, confiados, no nos da derecho alguno a traspasar las fronteras e "ir más allá" en nuestra increible habilidad de adultos de "tensar las cuerdas" de la vida bajo la excusa de que "es pequeñ@ y no se entera", "no tiene edad para decidir" o "eso es cosa de mayores". Desde el momento en el que un miembro se incorpora a la familia debemos hablar -y pensar- bajo la consideración de un miembro más: por congruencia y respeto -en primera instancia-- Por ahorrarnos problemas si queremos verlo desde el punto de vista egoísta.
 
Entienden. Y mucho. Tienen opiniones, preferencias, gustos y disgustos. Cualquier cosa -cualquiera!!!- puede ser explicada a un niño: para que sea comprendida según su edad y capacidades, pero, sobre todo, para transmitir a nuestra pequeña personita que como tal lo valoramos y que no se encuentra al margen de todo lo que sucede en su familia. Su micromundo de hoy le dará pautas de vida para el macromundo del mañana: un niño informado, tomado en consideración, acostumbrado desde pequeño a tomar decisiones -por muy nimias que puedan parecernos a los adultos- y llevar en compañía (que no bajo imposición) el rumbo de su vida será un adulto crítico que busque información, que no se deje llevar con facilidad, que sabe lo que quiere y no espera a que alguien se lo ponga por delante. Será el adulto que más quisiéramos muchos aunque, no nos demos por perdidos... porque no hay "mejor excusa" para mejorar como persona que tener bajo tu responsabilidad la educación de otra.
 
Barquitos de cáscara de nuez que aún no conocen el mundo ni la mayor parte de sus reglas de funcionamiento. Que se sienten vulnerables y a merced de la tormenta, y por eso (o aún a pesar de eso) confían en sus padres, abuelos y adultos cercanos para que les guién en su camino. Que precisan sentir que, pase lo que pase, se ponga lo fea que se ponga la cosa, SEGUIRÁN SIENDO PROTEGIDOS, RESGUARDADOS, CUIDADOS. ¿Lo visualizáis? ¿Podéis leer estas últimas líneas y colocaros, aunque sea por un instante en ese lugar?. Bien. Mantened esa sensación en mente y a partir de ella, haceros las siguientes preguntas:
 
 
- ¿Cómo necesitáis que vuestros padres actúen ante la muerte de vuestro ser más querido? ¿Qué os hace falta saber y qué no queréis que os cuenten?
- Pilláis a mamá vomitando en el baño. Lleva así toda una semana. Siempre que va al médico vuelve malita ¿Cómo os sentís y qué os hace falta en ese momento?
- La familia se traslada por cuestiones laborales a otra ciudad ¿cómo os sentís y qué os hace falta?
- A la hora de decidir en qué consistirá la agenda familiar del día/semana... ¿qué pediríais?
- Papá y mamá no se hablan. De repente, viven en casas separadas. Cuando vamos al cine mamá siempre invita a un amigo que no sabéis muy bien quién es ¿Cómo os hace sentir eso?¿Qué les pediríais?
 
 
La lista podría crecer. Como casi siempre, todo puede simplificarse en unas pocas conclusiones. Cuando no perdemos de vista quiénes son, en qué situación están y cómo necesitaríamos que nuestro entorno respondiense para dar lo mejor de  nosotros mismos, las respuestas a "qué hacer cuando..." vienen casi solas. 
 
No olvidemos el papel que un día nos comprometimos a jugar en la vida de otra persona:
No somos los capitanes de sus barcos. Pero sí la vela mayor que acompaña su rumbo.



lunes, 21 de enero de 2013

Lo que se siembra, se recoge.

 
En relación a las "normas de educación" en los niños, hablaba no hace mucho con una abuela en torno a la importancia de que se les insistiera en decir "Hola" o "Buenos días" y "Adiós" al interactuar con desconocidos. Contextualicemos el caso: niño de 3 años, en la típica fase de "no te conozco de nada, te miro muy serio y de reojo al menos diez minutos y luego lo mismo soy tu amigo para toda la vida... o no".
 
Pues no estoy de acuerdo. No debería insistírsele, y mucho menos obligarle ni reprobarle si decide no saludar. Es más: si queremos ahorrarnos el mal rato de ver "nuestro honor adulto" puesto en entredicho, mejor ni ponerlo en el compromiso del saludo. Así, todos tan felices.
 
Sí creo, firmemente, en que lo que me decía aquella abuela: "es que lo que se siembra se recoge". Pero, lo mismo que esa frase sería aplicable a los buenos modales (si eres educado con los demás, lo serán contigo), lo es para la educación de nuestros hijos e hijas (si respetas al niño en su individualidad y deseos, aprenderá a respetar a los otros en su individualidad y deseos). Creo que es cuestión de, convencionalismos y discursos "políticamente correctos" aparte, pensar en qué hacemos, por qué, y qué pretendemos conseguir en nuestra labor como padres/madres (o abuel@s, en este caso). Varias cuestiones, por tanto.
 
- Los adultos educamos más con nuestros actos que con nuestras palabras, ya que nuestros hijos e hijas disponen antes de la capacidad de ver e interpretar éstos que de entender nuestros discursos y parrafadas moralistas. Aceptada esta premisa, si deseamos que un niño o niña adopte por costumbre saludar amigablemente a personas desconocidas, más que decírselo, tendremos que actuar así nosotros.
 
- Por otro lado, debemos comprender que a partir de cierta franja de edad los niños desarrollan un sanísimo reparo con respecto a los desconocidos: sanísimo diría yo porque indica que su estructura cognitiva les hace comprender que no son personas cercanas, que pueden entrañar cierto peligro y que es más prudente valorar y evaluar que lanzarse a "hacerse amigo" de cualquiera. Esto, que a algunos padres y madres tanto les preocupa por lo bien o mal que les pueda hacer quedar desde el punto de vista social, es un recurso valiosísimo del que disponen los niños para garantizar su propia seguridad: de nosotros depende, con nuestra actitud y reacciones, contextualizar la conducta del niño como normal, apropiada y hasta cierto punto deseable o procurar anular este "mecanismo de defensa", despreciando su derecho a ser selectiv@ con quiénes se relaciona y en qué modo lo hace. Pero seamos consecuentes: luego no les pidamos que "si un desconocido te ofrece chuches o que te vayas con él, resístete". Hace tiempo que le enseñamos que su voluntad puede y debe doblegarse siempre que un adulto así se lo indique.
 
- En tercer lugar, siempre repito a papis y mamis la importancia de pensar "a largo plazo", planteándose qué es lo que en realidad se desea conseguir, y actuar en consecuencia. Con respecto al saludo, podemos conseguir fácil y rápidamente que nuesttro hij@ pase por el más educado del barrio. Podemos sobornarle con halagos y adulaciones, emplear algún tipo de reforzamiento material para ser positivos (menos barato pero igualmente efectivo) o, si la situación nos apura mucho, amenazarle con privarle de algo -material o afectivo... "si no dices "Hola" me pongo muy triste"- o, castigarle . Pero...!Qué narices, seamos práctic@s!. Si le metemos un bofetón o un pellizco, seguro que obtenemos los "Holas" y "adioses" más perfectos y vocalizados. El vecino de enfrente se va contento a casa (o le importa un pimiento, a saber) y nosotros hemos quedado de escándalo. Pero... aparte de manipular la voluntad de un ser humano, aparte de imponer la nuestra, ¿qué hemos conseguido? A medio plazo tendremos un niño o niña que ha aprendido a fingir un agrado y una disposición que no es real, que actúa en contra de lo que le dictan sus tripas, que se comporta con una hipocresía típica del mundo adulto. Y cuando lo hace, le premiamos por ello. No creo que sea necesario justificar más por qué no estoy en absoluto de acuerdo con obligar a un niño a saludar a un desconocido, a besar si no desea hacerlo, a pedir perdón ni mil ejemplos más que me plantean con frecuencia y ante los cuales siempre manejo el mismo tipo de argumento, porque en realidad todo se reduce a lo mismo.
 
Podemos explicar... debemos explicar-conforme nuestros hijos e hijas se hacen mayores- , al tiempo que -FUNDAMENTAL- ejemplificar en qué consisten los convencionalismos sociales, de eso no cabe la menor duda. El ser humano es un ser social y si decide vivir en sociedad (libre es si lo desea de no hacerlo) ha de aprender a desarrollarse y comportarse en ella. Pero hacerlo no significa adiestrarles en el manejo de cuatro palabras carentes de sentido, vacías de sentimiento, para luego pueda creer que disponen de cierto beneplácito encubierto para comportarse como les venga en gana pudiendo desarrollar todo tipo de conductas poco prosociales. Si realmente queremos contribuir a la educación de nuestros pequeños y pequeñas, debemos transmitir con el ejemplo nuestra actitud positiva hacia las demás personas, la sonrisa sincera (la que sale de dentro), el aprecio y entusiasmo por lo bueno y bonito de la vida -ése que se transmite con el brillo de las pupilas-. Debemos ser ejemplo y esperar, así sí, como el que siembra, porque sabremos que la consecha del futuro será pura y honesta... que es lo que hoy hace más falta que nunca.
 
Debemos fomentar que se relacionen con los de enfrente con cariño cuando dicho sentimiento les surja de dentro. Y para eso un niño debe sentir amor, bienestar y respeto propio. Ése que su abuela le enseña cuando, ante el pellizco estomacal de la decepción adulta (quizás porque no le apeteció decir "buenos días", porque esa mujer no le gustaba, o aquel lugar le daba miedo) sabe valorar lo realmente importante y realizar una apuesta por el futuro: la de la confianza y el apoyo incondicional. Los mismos que consiguen que, día tras día, el mundo le parezca a aquel niño un lugar un poquito más bello... y más seguro.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Reflexiones en la peluquería.

 
-"Puedes dejarlo llorar hasta 20 minutos, no le pasa nada. Lo digo porque yo lo he hecho y lo sé". - Comentaba una mamá A (18 meses) a otra B (6 meses) esta mañana en la peluquería.
-"Es que el papá dice que le da pena dejarla llorando". Replica B.
-"¿Pena? Pena tú, que tienes que trabajar al día siguiente". Contestaba la madre A.
- "También es que me siento culpable. La veo sólo un par de horas al día. Pero !es que se acostumbran a lo malo tan pronto!. Yo dejándola en su cuna todos los días por sistema y para una vez que la cojo, ahora quiere brazos". Plantea mamá B.
 
Las 10 de la mañana de un sábado es demasiado temprano para recibir tal bofetada de información, máxime si te dedicas a esto y lo único que querías era hacerte un simple corte de pelo. A los diez minutos, ambas madres comentan emocionadas el amplio despliegue de atracciones navideñas que la ciudad presenta este año, a dónde piensan llevar a sus peques y lo muchísimo que van a disfrutar. Realmente se las ve emocionadas.
 
Los quieren. De eso no me cabe la menor duda. Los adoran. Ambas coinciden en que es la mejor experiencia de sus vidas, lo que lo cambia todo, lo que las llena como personas. Y yo, entre punta y punta, entre capa de pelo y capa de pelo, no dejo de pensar en que hay algo que no me cuadra.
 
No saben lo que dicen. Les falta información, es la conclusión lógica. En algún momento escucharon -ambas de sus pediatras, me entero al rato- que "no puede ser" que con 6 meses no duerma sólo y de un tirón y que "ya puede ir leyéndose el "Duérmete niño" y están convencidas de que, como "es lo mejor", es lo que deben hacer. No me cabe otra cosa en la cabeza. Desconocen la otra versión de la historia, jamás han escuchado hablar de la teoría del apego, y asumen la creencia popular de que "si no tiene caca, ni sueño ni hambre no le pasa nada". Es así de sencillo. Si nadie les dice otra cosa, les plantea un "¿no has pensado que es posible que...?" con eso se quedarán. No nos confundamos... en el fondo piensan, honesta y sinceramente, que esa es la única verdad posible. No hay más opciones.
 
Recuerdo entonces la bofetada que aquella madre propinó a su hijo de apenas 2 años en pleno FIBES cuando, al ver a su padre coger el arco para tirar a diana, al niño le entró miedo y rompió a llorar desconsolado. Menuda bofetada, madre mía. Me dolió a mí. ¿Esa mujer no quiere a su hijo? Evidentemente no es la respuesta, seguro que lo adora. ¿Pensó en qué estaba haciendo y por qué? Casi seguro que no. Nos educan en la insensibilidad hacia el mundo, en la falta de empatía con el de enfrente... y si un adulto es complejo... la sensibilidad y la empatía que hay que desplegar ante un niño es puro arte.
 
¿O no? ¿Realmente es tan complicado? ¿O será que nos faltan los cuatro "chips" fundamentales para entrar en sintonía con nuestros hijos?. En plena #revoluciondelamor (Un gran ejemplo lo podéis encontrar aquí), con todo el mundo "en mis círculos" y lecturas habituales hablando de crianza con apego, respeto por los ritmos y necesidades infantiles, etc. me doy cuenta de que, si bien es cierto que cada vez más padres y madres se asoman a un "nuevo" modo de concebir la crianza, la tendencia mayoritaria sigue siendo la conductista.
 
Necesito que esta mujer pare de cortar ya, salir a la calle, tomar aire y organizar mis pensamientos. Hablar de cosas en las que estamos de acuerdo con gente con la que estamos de acuerdo no es en absoluto la solución. La demanda está en la calle. Puede que los adultos no sepan que necesitan escuchar, aunque sólo sea por una vez, otra cosa. Pero sus hijos e hijas están intentando hacerse oir... y por lo visto chillar en "idioma bebé" se soluciona cerrando la puerta.
 
No pienso decirle a nadie cómo debe criar a sus hijos. Pero de ahora en adelante, voy a buscar por todos los medios posibles, la manera de llegar a esas otras mamis y papis que sólo tienen una versión... para, aunque sólo sea por una vez, tratar de razonarles la otra.
 
No dejaré de decirlo nunca: tener hij@s es un privilegio tan grande, que me apena enormemente que alguien pueda no disfrutarlo como quisiera, por "vete tú a saber qué motivos".
 
Porque... ¿estamos segur@s de conocer nuestros motivos a la hora de educar a nuestros hij@s?


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LINKS DE INTERES SOBRE LA #REVOLUCIONDELAMOR

Ramón Soler y Elena Mayorga: La nueva revolución
Mireia Long: El viernes no se acaba el mundo
Elvis Canino: La revolución maternal
Alejandro Busto: La única revolución posible
Pilar Martínez Álvarez: Re-evolución: una revolución maternal
Leslie Power: La revolución del amor en redes y Es hora de una revolución del amor
Mª Pilar Gómez San Miguel: Cambiar el mundo con la revolución de la crianza

 

viernes, 21 de diciembre de 2012

Clementinas y Clementinos... la historia de los juguetes.

En los talleres sobre juego infantil much@s padres y madres se sorprenden cuando les planteo que lo importante no es el juguete en sí, sino toooodo lo que un niño o niña puede hacer de él. Por eso, alternativas a las compras tradicionales como el trueque o la venta de segunda mano son una opción ideal para hacer provisión de juguetes al tiempo que inculcamos a nuestros peques valores tales como la conciencia medioambiental, reutilización/reciclaje, solidaridad, etc.
 
Cada vez abundan más opciones de este tipo en nuestra ciudad en forma de encuentros, mercadillos, tiendas creadas al efecto o puestos de recogida y venta solidaria. ¿Para qué lo voy a negar? Estoy encantada. Conforme te habitúas a este nuevo modo de plantearte el mundo del juego y juguete te "enganchas" más: las cosas se ven y se disfrutan de otro modo, creo que muy al estilo de como lo hacen nuestros niños. Las posesiones ya no son bienes estancos con finalidad en sí mismas ("tener" para "ser"), sino un modo transitorio de satisfacer una necesidad que, como si de un río se tratase, trae a nosotros ciertas cosas y al mismo río devuelve otras. Todo resulta especialmente liviano, relajado... útil de mil maneras...yo diría que, simplemente, especial.

Esta mañana el peque y yo hemos estado en el Árbol Solidario de Plaza de Armas. Nuestra misión: montar el stand, recoger los juguetes que nos quieran traer y venderlos al simbólico precio de 1€, cuyos beneficios irán destinados a Duchenne Parent Proyect y Tal como eres, dos asociaciones sevillanas para las cuales toda ayuda es poca. Explicarle a un niño pequeño que aquellos juguetes no son para él sino para vender no ha sido tarea sencilla -2 y medio son pocos años aún para comprender el concepto en su totalidad, sobre todo cuando aún está tratando de digerir el de posesión...jejeje-. Pero soy de la idea de que los niños acaban por interiorizar como normal aquello que ven, y lo mismo que poco a poco comprende eso de "trocar", sé que no tardará mucho en enteder esto. Me gusta la idea porque bajo estas premisas siento como se prolonga la libertad con la que nacemos y que en pocos años merma estrepitosamente bajo el yugo del consumo (entre otros... para qué entrar en reflexiones más profundas a estos horas). Todos somos un poco Clementina, le diría yo a A.Turín, cuestiones de género a un lado: cargados de "chascas" inservibles que cuestan dinero, roban tiempo, ocupan sitio y nos impiden caminar con alegría. Me fascina poder pensar que, de algún modo, fomentando este tipo de iniciativas podemos evitar parte de esta carga adquirida a nuestros pequeños. No tanto por reducir lo material, sino por educar en otra forma de pensar menos autoesclavizante.
 
Llegó, montó mesas y sillas, preguntó unas mil veces "¿Ahora qué hacemos?" y "¿¿Puedo ayudar???". Y pasó las tres horas restantes haciéndome compañía, paseando a una muñeca vestida de comuníon en su carrito, cogiendo sonajeros para hacerla dormir, montando puzzles en equipo y observando a gente bienintencionada traer regalos, llevarse otros... todo por el simbólico -pero tan tan necesario- precio de 1€. ¿Qué os puedo decir que no se desprenda ya de mis palabras? Parece que va una haciendo un favor y sin embargo el favor se lo hacen a ella. La experiencia que mi peque se ha llevado, la que me he llevado yo, no tiene precio alguno. Será el cambio de ciclo del que hablaban los Mayas, quién sabe: pero hoy mis argumentos habituales retornan renovados y con las pilas bien puestas.
 
 
 
 
Quien no ha visto a un niño/a desprenderse de uno de "sus tesoros" y recibir otro ajeno con la naturalidad y sencillez como he visto hoy yo hacerlo al mío... tiene una "deuda pendiente" en su aprendizaje adulto, me atrevería a afirmar. Porque los mayores también tenemos mucho de lo que aprender... y por el momento la vida me confirma día a día que los peques son maestros de valor incalculable.
 
 
PD; hasta el 5  de enero de 2013, voluntari@s de mañana y/o tarde se agradecen enormemente. Más info:
 


OTRAS INICIATIVAS QUE OS PUEDEN INTERESAR:


Trueque adulto/infantil
https://www.facebook.com/mercadodetrueque.laplaza?ref=ts&fref=ts

Compra 2ª mano:
https://www.facebook.com/Ecopeque/212238492203007?fref=ts

En la Biblioteca Infanta Elena se organizan ventas benéficas de libros, consultar programación.

Creación de los propios juguetes, reutilización, reciclaje:






Manualidades infantiles http://www.manualidadesinfantiles.org

 

¿SUGERENCIAS?
!GRACIASSSSSS!

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Ni se compra ni se vende.

 
Uno de los retos a los que día a día nos enfrentamos quienes trabajamos en asesoría es el de ponernos en los zapatos del de enfrente, sean o no de la misma talla que los nuestros, del estilo que habitualmente solemos calzar o de nuestro agrado personal. Durante muchos años una entrena la mente para hacer esto hasta que, un buen día, comprende que el único modo del que se puede hacer en realidad es empleando el corazón, digan lo que digan los libros de teoría. No puedes olvidar tu posición como asesora, no puedes mezclar... pero tampoco escuchar impasible lo que te cuentan, porque entonces entiendes, pero no comprendes.
 
Cuando comprendes, es más sencillo hablar. Sabes cómo ayudar. Lo ves todo más claro... la persona que tienes enfrente se te desvela tal y como es y en un "tú a tú" el camino es más productivo... aunque no necesariamente más sencillo.
 
Supongo que como a casi todos nosotros, me preocupa la situación que estamos viviendo a nivel económico y social. Bueno, en realidad a muchos otros niveles, pero este post versa sobre el primer aspecto y de momento "leeremos hasta ahí". Y me preocupa también comprobar cómo este día a día que vivimos como país se plasma en consulta en problemas que antaño quizás no existían. Familias que pasan poco o ningún tiempo juntas a pesar de dormir bajo el mismo techo, madres y padres que ejercen su labor con escasas o nulas redes de apoyo y/o consejo, constantes sentimientos de culpa sobre "lo que he hecho, no he hecho o dejado de hacer" durante la crianza porque "fulano dice tal y mengano cual". Diría yo que nunca ser padre o madre fue psicológicamente tan complicado. 
Pero, de toda la marabunta de cuestiones que con frecuencia trabajo, esta semana, no sé por qué -puede que por la cercanía de Navidades, Reyes y demás-, no dejo de pensar en uno de los últimos temas que me plantearon: Quisiera darle todo, pero no puedo.
 
¿Qué supone para un hijo o hija que "se lo den todo"? ¿En qué consiste exactamente eso? ¿Es obligación de padres y madres "darle todo a sus hijos"? Ante temas así, es cuando lo de "ponerse los zapatos del otro" se vuelve imprescindible, porque a veces creemos estar hablando de lo mismo cuando definitivamente no es así. Mis argumentos, expuestos en escasas frases:
 
- Los padres, las madres, ESTAMOS OBLIGADOS  a darle todo a nuestros hijos. Todo nuestro cariño, amor, respeto, comprensión y apoyo.
- Por lo general, afortunadamente, NO LO TOMAMOS COMO UNA OBLIGACIÓN, nos sale "de dentro" y lo hacemos gustosos. A veces con más paciencia y tino, otras veces a trancas y barrancas, pero !qué le vamos a hacer!: también somos humanos y como tales a menudo metemos la pata.
- Una vez satisfechas las necesidades más básicas en lo referente a lo material ES ESO Y SÓLO ESO lo que realmente hace felices a nuestros hijos. Lo que más demandan de nosotros. Por lo que realmente sufren si carecen de ello.
 
Con todo lo básicas que puedan parecer estas últimas líneas, tras hora y media de razonamiento y explicación, aún dudo de su aquellos padres comprendieran realmente que el problema de su hijo no era que, por culpa de la crisis, no le pudiesen comprar un regalo cada vez que él señalase con el dedo. Yo les hablaba de afecto y casi simultáneamente experimentaba cómo ellos me devolvían su ansiedad y frustración por carecer de dinero... o de todo el dinero que deseaban. Me pedían un consejo sobre cómo atajar sus problemas con la crianza y parecían no querer/poder ver que la demanda que estaban pasando por alto era la más auténtica, sincera y pura que puede hacer un ser humano: la del amor. Eso no hay cartera que lo asegure, ni banco que lo embargue... siempre y cuando seamos capaces de trascender de lo negativo del momento (que no es poco para muchas familias, y más con las Navidades pisándonos los talones) y separar lo esencial de lo accesorio.
 
Como decía la canción "El cariño verdadero, ni se compra ni se vende". Y no se me ocurre expresión más acertada cuando de un niño/a se trata.
Algunas veces... muchas veces...com éste y otros temas... creo que somos los adultos los que debemos revisar nuestra escala de valores antes de asignarle un problema a un niño. Quizás estamos perdiendo la oportunidad de disfrutar de uno de los mayores regalos que nos da la vida -la maternidad, la partenidad- por nuestros propios complejos.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Tiempo

Uno de los factores que más invito a analizar en las sesiones de madres y padres es el TIEMPO. Es frecuente que surjan dudas en torno a conductas "disruptivas" en niños y niñas, las etiquetas de TDAH se reparten como rosquillas y- cuando aún es quizás demasiado pronto para colocarlas como quien cuelga post-its-, a las mamis y a los papis nos preocupan las rabietas. Peques "pasados de rosca", que no atienden a razones, que no "obedecen". Explosiones aparentemente inexplicables de llanto, risa o ambas cosas, arranques de carácter que dejan perplejo hasta al progenitor más implicado. "¿Qué sucede?", me preguntan. Y, aunque no siempre tengo respuesta, no existen varitas mágicas y cada caso hay que verlo por separado, suelo plantearles: Contadme en qué invertís vuestro tiempo.
 
Trabajo y más trabajo, compromisos familiares, laborales, sociales y cibersociales varios: los adultos no somos conscientes (al menos hasta que el cuerpo dice "basta" y somatiza por los cuatro costados) de la barbaridad de horas que invertimos en llevar un ritmo frenético de existencia full-time. Aparentemente, podemos con todo: aparentemente. Pero ¿qué sucede con los ritmos de los niños? ¿Los conocemos, sabemos respetarlos, damos margen para que puedan mantenerlos o por el contrario los arrastramos a nuestra vorágine cotidiana obviando las señales que nos indican que evidentemente, ellos no son adultos y el estrés también puede superarles?
 
Tarde, tarde... siempre vamos tarde
 
 
Gestionar las piedrecitas que aparecen en el camino familiar implica, por parte de los adultos (que se supone que somos "los que controlamos") unas dosis importante de paciencia, eso es evidente, pero sobre todo de sensibilidad: sensibilidad para sintonizar con los ritmos de nuestros hijos, con sus verdaderas necesidades y anhelos, para alinear en la medida de nuestras posibilidades nuestras conductas y las suyas y detectar a tiempo, siempre que sea posible, los desencadenantes de los conflictos. No funciona siempre, pero sí a menudo, el escuchar como palpita "el corazón de la familia", como respiran "sus pulmones", para detectar y evitar a tiempo un "constipado relacional" de esos que, una vez en marcha, tanto nos preocupan.
 
¿En qué inviertes tu día?¿Cuánto tiempo REAL pasas con tu hij@? No en horas y cuerpo, sino en ALMA. ¿Pensaste al despertar hoy por la mañana que a lo mejor sus planes para el día que comienza poco tienen que ver con los tuyos?¿Con qué frecuencia goza de margen para decidir qué hacer, cómo y cuándo en lo que respecta a su existencia? ¿Estás especialmente ocupado o estresado? ¿Piensas que tus estreses -en negativo o no- no afectan al del resto de las personas que te rodean?
 
No es la panacea. Evidentemente no. Pero la cuestión tiempos- ritmos suele ser TAN, TAN, TAN IMPORTANTE -sobre todo cuanto más pequeños son los hij@s- que ante brotes conductuales "raros" siempre pregunto a los padres lo mismo:
 
"Piénsalo bien. Bien pensado. La respuesta es sólo tuya/vuestra. ¿Hay algo que pueda estar provocando que se comporte así?"
 
Muchas veces, la palabra TIEMPO  es la clave.
 
 

lunes, 26 de noviembre de 2012

No ser un@ más.

 
Aún puedo recordar el día que, teorías aparte, comprobé como, lejos de lo que contara el informe PISA, la educación necesitaba una reforma de cabo a rabo. O más bien... que pensé que más que una reforma un "desmotar el tinglado y comenzar de cero" sería lo más razonable. Supongo que la inspiración le llega a cada cual en un momento distinto. A mí me vino durante una clase de matemáticas, hace cosa de dos años, no creáis que más, y me dejó grabada a fuego una idea en la cabeza que me acompaña a donde voy y doquiera que ejerzo: no quiero que sean "un@ más".
 
Recuerdo que uno de mis chicos y yo pasamos una tarde resolviendo problemas de matemáticas, en concreto de la unidad referida a áreas, cuando llegó el momento de solucionar un ejercicio correspondiente al área de un hexágono inscrito en una circunferencia. Admitámoslo: el chaval en cuestión había estudiado poca teoría (por no decir nada), pero tenía claro los principios fundamentales. Me sorprende gratamente la capacidad de mis alumnos en lo referente a las diferentes asignaturas con las que se topan, pero sus razonamientos matemáticos me fascinan, quizás porque soy de "La Vieja Escuela" donde la letra con sangre entraba y nunca me acostumbraron a razonar en exceso la ciencia. Esto es así, y así se aprende. Mucha práctica, mil ejercicios, depurar la técnica. Pero de comprender, porquito.
 
Quizás por eso cuando, sin tener ni idea teórica de lo que hablaba, resolvió el problema de aquella manera, no pude evitar ovacionarlo por activa y por pasiva. ¿Que ha de estudiar más? Ya se lo digo yo, ya se lo dice su madre. Y su padre. Y la tutora. Y los abuelos. Pero, dejando aquello a un lado, él acababa de resolver un problema y a mí, con años de experiencia en el terreno educativo encima, me había dado una gran lección e insuflado una dosis de optimismo y esperanza que celebré a lo grande. Podía sentirse muy muy satisfecho de lo que acababa de hacer. Quizás por primera vez, al menos sí por primera vez en mi presencia, HABÍA RESUELTO UN PROBLEMA DE MATEMÁTICAS. Resultados correctos me había dado cientos en aquellos meses... pero aquello definitivamente se trataba de otra cosa.
 
Cara de estupefacción la que se me quedó al escuchar al día siguiente la reprobación con la que su profesora de matemáticas había recibido su "respuesta creativa" al ejercicio. Según ella, ése no era el modo de proceder. Más bien, aclaro yo -que lógicamente recurrí a cuantos profesionales de mi confianza pude para discriminar este hecho- NO ERA EL MODO EN EL QUE EL "SOLUCIONARIO"  del libro del profesor/a decía que el ejercicio debía ser resuelto. Rapapolvo, mofa, adoctrinamiento y un pasar "a otra mariposa" que quedó ahí tan sólo para la profesora, porque lo que es el chico en cuestión regresó a casa echando espuma por la boca... y -he de confesarlo- a mi parecer con razón.
 
No me malinterpretéis. Yo llevaba años ya predicando la necesidad de "un cambio de chip", de un "hacer las cosas de otro modo", pero no fue hasta aquel momento en el que me tocó tan cerca cuando realmente me convencí. Tener que explicarle a una persona en pleno auge de su capacidad crítica y deseo de autoafirmación que hizo algo muy bien pero que si desea aprobar (visto lo visto) "ha de hacer lo que dice y como dice" el "solucionario" de su profesora... es de las cosas más duras que me he sentido obligada a hacer.
 
 
 
Deducciones matemáticas espontáneas vilipendiadas. Fotocopiables a colorear donde no te puedes salir de la raya. Redacciones con temáticas prefijadas e incuestionables. Todos la misma canción y al unísono. Todos a la vez a hacer la ficha. Esa pegatina no va ahí, sino ahí. No saques los pies del plato...
 
Me pregunto si somos conscientes, como ciudadanos de a pie, padres y madres, hacia dónde nos lleva ésto. Hasta qué punto es compatible esta línea de trabajo con nuestros chavales (en la escuela, en casa y en la calle) con el ideal de ciudadano crítico y capaz que se supone deseamos formar. Lo mire por donde lo mire, no encuentro en qué momento doblegar la voluntad de una persona, obviar e incluso ridiculizar sus intentos de expresar creativamente su individualidad, acaba dando como fruto a algo diferente de un borrego. Y, acto seguido, pensando en que no somos los padres y madres sino el Estado el que dictamina por ley los objetivos y contenidos e incluso oposita en torno a metodologías homogeneizadoras a l@s docentes, la respuesta me surge sola: ELLOS sí que saben lo que quieren y lo están haciendo muy bien para conseguirlo.
 
Por mi parte, me lleva el doble de tiempo, pero cada vez que tenemos que resolver un problema de matemáticas desde ese día primero lo hace él "a su estilo" y después, si no coincide con las manías de su profe, lo traducimos a "lenguaje de solucionario". Un poco triste tener que llegar a estos extremos, pero no me siento capaz de aplastar una mente maravillosa como quien pisa a una hormiga...