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sábado, 17 de mayo de 2014

La buena comunicación con l@s hij@s. Escuela de familias en la EI "La Casita" (Sevilla Este)


  Creo que una de las cosas que más me llena de mi trabajo es la oportunidad que me brinda casi todas las semanas de compartir reflexiones con grupos de madres y padres. Algunos, grupos fijos, otros, más o menos esporádicos. Pero de todos acabo saliendo con una sensación de riqueza personal que no puedo dejar de agradecer. Porque si bien es cierto que cuando acuden a mí lo hacen como profesional y "experta" en la materia, no hay nada como lo que se trabaja y aprende en interacción con otr@s. Y yo vivo en continuo aprendizaje gracias a todas esas amigas y amigos.


Un fuerte abrazo para todos ellos/as, y en particular para l@s que me acompañaron ayer tarde en la EI "La Casita I", de Sevilla Este. Algun@s ya estuvieron conmigo trabajando "Juego y Juguete" las pasadas Navidades. Otr@s, han sido nuevas incorporaciones que vienen como siempre, a enriquecer nuestros encuentros. A tod@s ell@s, muchas gracias.


¡Espero volver a veros pronto!







jueves, 15 de mayo de 2014

Próximas sesiones gratuitas para padres y madres.


El curso escolar llega a su fin, los primeros calores comienzan a apretar y, antes de iniciar el parón veraniego, aprovechamos la energía solar para emprender una nueva iniciativa.

De la mano de los amigos de Andalucía para Niños tendrán lugar próximamente sesiones gratuitas de escuelas de familias en diferentes municipios de la provincia de Sevilla y en las que espero poder contar con tod@s vosotr@s.

Aquí lleváis el primero de los carteles. 23 de mayo, CEI El Jardín de los Sueños, en Coria del Río.

Nos vemos allí! ;)



viernes, 28 de marzo de 2014

No somos mercancía... el peligro de las etiquetas.

 
Porque tod@s somos blanco y negro, ying y yang, sol y luna... Las etiquetas encasillan y nos impiden mostrar al completo nuestra esencia como personas. No existen etiquetas positivas; no si con ellas dejamos de ser nosotros para acabar siendo víctimas de las expectativas. Y tú... ¿recuerdas cuál era/es la tuya y cómo condiciona tu manera de ser, sentir o actuar?
 
 
 

miércoles, 12 de marzo de 2014

El arte mágico de educar a tus hijos/as. Programa Beneduca.

 
!Buenos días a tod@s!!! Comienzo la jornada dejándoos aquí información sobre los talleres que a partir de la semana próxima impartiré en Benacazón junto a los amigos de Sevilla para niños, como parte del Programa Beneduca.
 
Dicho programa se encuentra orientado a la prevención, seguimiento y control del absentismo escolar, así como atención al alumnado inmigrante mediante actuaciones de diversa índole.
 
En el trabajo con familias, una servidora será la encargada de poner su particular granito de arena. !Encantada de colaborar con el Ayuntamiento en una iniciativa tan bonita y necesaria!
 
Para más información, podéis consultar aquí todos los datos y actividades del Programa.
 
 
 

martes, 29 de octubre de 2013

Claves para elegir un buen juguete

 
Más del 50% de los juguetes que tiene tu hij@ en su cuarto no sirven para nada. Ni los que tiene el tuyo, ni los que tiene el mío, seamos sinceros. Y sin embargo, ahora que se aproxima el momento de redactar la carta a Sus Majestades de Oriente, ya estamos tod@s pensando en qué más pedir para satisfacer "supuestas necesidades supuestamente no resueltas": los catálogos comienzan a llenar los buzones, la publicidad su habitual bombardeo... los peques lo quieren todo y sus papis y mamis, por qué no reconocerlo, también.
Pero luego pasa lo que pasa: la ansiada mañana llega, los paquetes más que abrirse se devoran, dos primeros días alucinantes... y a la estantería o al baúl junto a los otros: muñecas, coches, ordenadores infantiles, artilugios varios (siempre último modelo). !Este niñ@ no valora nada, se aburre enseguida! - escucho a menudo.
"Quizás se lo estemos poniendo todo demasiado fácil" es el argumento más habitual que viene a sustentar la idea de que "no valoran nada" porque tienen de todo. Puede que así sea. Puede que no. Lo que llevo un poco mal, lo reconozco, es esa tendencia a culpar al niño/a de algo que normalmente es responsabilidad del adulto, pero que éste no quiere asumir. Acusar a niños de 2, 5 o 7 años por su falta de ética de consumo y responsabilidad social suena a chiste, sobre todo cuando en muchos adultos estos valores brillan por su ausencia. Quizás merezca más la pena pensar qué podemos estar haciendo "no del todo bien" para tener las habitaciones en modo "overbooking" y cada vez a más niñ@s mortalmente aburrid@s.
 

 

EN QUÉ PENSAR A LA HORA DE ELEGIR UN BUEN JUGUETE

 
 
- El 90% del juguete, es la niña o el niño que de él hace uso:
 
Nuestro pensamiento adultocéntrico nos lleva a valorar en un juguete aspectos tecnológicos, estéticos y comerciales (por ejemplo, marca) que para un niño/a pequeño carecen de valor. Sin embargo:
 
a) Cuanto más haga el juguete por el niño, menos hará el niño, es decir: más inútil será el primero. Un juguete al que le falta hacerte la cena no deja al niño jugar. Es lógico que se quede aparcado en un rincón a la primera de cambio. Si sólo permite un modo de juego correcto, si no deja "sacar los pies del plato" (que es en definitiva lo que uno debe hacer cuando juega: innovar, experimentar, crear), será muy chulo, pero poco más.
 
b) Cuando más condicione nombre o marca, más oportunidades de juego espontáneo y no estructurado se pierden: es indudable que a todos los niños les gustan los personajes de sus series favoritas y son los que habitualmente piden para jugar. Pero las posibilidades de creación y espontaneidad que ofrece la famosa muñeca sirenita son bastante inferiores a las de otra muñeca de "marca blanca" y sin rol predeterminado. Con la segunda un niño o niña puede crear desde 0. Con la primera parte de la creación viene con frecuencia condicionada.
 
AVISO: Aspirar a que nuestro niños/as prescindan de sus personajes favoritos es una gran utopía. Pero siempre es posible cuidar la variedad de opciones que ofrecemos. Los adultos sabemos que si alguien puede sacar una nave espacial de una simple caja de cartón, ése es un niño/a. No les subestimemos ni apoyemos por sistema la pérdida de semejante tesoro.
 
 
- El juguete es para el peque, no para tí:
 
Tod@s hemos crecido con anhelos incumplidos, para qué lo vamos a negar. Esa pista de carreras o el proyector de cine de moda, la casita de los muñecos de la tele o el perrito que anda, ladra, hace pis y da la pata. A todos los padres y madres nos sale de dentro esa tendencia a "darle a nuestros decendientes aquello de lo que carecimos". Pero seamos honestos con nosotros mismos. Hay NECESIDADES y "necesidades". Proyectar nuestros sueños incumplidos en nuestros hijos puede llevarnos a generar falsas urgencias que a la larga dificultan una parte importante de su desarrollo como personas: saber quiénes son, qué desean y cuánto lo desean, anhelarlo, luchar por ello, celebrar éxitos y superar "derrotas" (o más bien, incorporar aprendizajes). Dejando todas estos estos argumentos tan profundos e importantes a un lado, hagamos otro planteamiento más concreto y "palpable": Si al abrir el paquete el que chilla de ilusión eres tú, asume que tu hijo puede disfrutar contigo (y en ese caso, llevará "de rebote" el mejor de los regalos, que es tu compañía), pero no te mosquees si no lo alucina en colores. Quizás sus anhelos o necesidades actuales van por otros derroteros.
 
- El tiempo es oro.
 
Jugar es el trabajo de nuestros niños/as, y eso es algo que los adultos normalmente no comprendemos. Gracias al juego se adentran en el funcionamiento del mundo: sensorial, emocional, social. Jugando exploran, simulan roles, aprenden a resolver conflictos, experimentan lo posible y lo imposible. Una niña jugando es una pequeña científica con capacidad suficiente como para realizar por sí sola (o con un LIGERO apoyo) muchos de los grandes descubrimientos que nos atribuimos como especie: la fuerza de la gravedad, el uso de la rueda, el poder del diálogo en la resolución de conflictos, la variedad de colores que pueden surgir combinando tan sólo los primarios... Gracias al juego también desarrollan las capacidades y habilidades que les acompañarán durante su vida adulta: motricidad fina, gruesa, pensamiento lógico-matemático, habilidades sociales, aptitudes verbales y lectoescritoras... Puede que en toda nuestra vida no realicemos una tarea ni tan variada ni tan completa. Y sin embargo, aquellos que pasamos más de 8 horas diarias trabajando a veces en cosas que ni nos motivan ni nos dan para vivir como quisiéramos, acortamos el tiempo de juego libre de un niño/a a la mínima expresión, relegándolo a la posición de "aquello que se hace cuándo no hay otra cosa que hacer" (hoy por hoy y con estas agendas, nunca).
 
"Se pasa el día jugando" es un reproche adulto de lo más habitual. Pero es que ni saben ni deben hacer otra cosa que ver y vivir la vida como un juego. Y para colmo, con frecuencia ni tan siquiera esto es cierto: es comenzar una actividad, persistir en ella más de diez minutos, y al que hace once el adulto impaciente comienza a resoplar o suelta un "Ea, ya has jugado!!! Ahora vamos a...". Pero por favor... !ASÍ NO HAY QUIEN TRABAJE!. Se repite con frecuencia la frase de "qué pena que tras los Reyes sólo tengan un día para jugar" y lo que verdaderamente da pena es que sea casi el único día en que les permitiremos hacerlo.
 
 
- Cantidad y variedad, totalmente indispensables.
 
Los niños tienen que tener juguetes. Bueno no. Más bien los niños tienen el DERECHO A JUGAR. Y ya hemos visto que, además de un derecho, es casi una obligación. Sobre si hacerlo con o sin juguetes ya podríamos hablar más, porque de casi todo y con casi todo se puede montar un juego tanto o más divertido y provechoso que el comercial. Pero asumiendo que en nuestra cultura este tipo de función la asumen por lo general los juguetes, a la hora de seleccionarlos es importante que:
a) Tengan suficientes: no existe un número exacto y no es bueno sobrecargar, porque se saturan y casi siempre usan los mismos obviando otros que "por formar parte del decorado" quedan relegados a un segundo o tercer plano cuando quizás tienen mucho que aportar (es mejor ir rotando los que tenemos en casa que presentarlos todos a la vez precisamente por este mismo motivo). Pero, por muy imaginativo que sea nuestro hijo/a, con un par de juguetes y sin ninguna otra opción tampoco se va a ninguna parte. ¿Cantidad? La justa para ofrecer una variedad de experiencias y animar a su uso y exploración. Si parece que tu hijo "no se entretiene con nada" (argumento que me plantean con frecuencia las mamis y papis de los más peques), en vez de dejar de ofrecerle juguetes, prueba a revisar los que tiene y si estos satisfacen sus necesidades: quizás la clave sea una buena elección y no precisamente la cantidad.
b) Sean variados: Con la cantidad de aspectos que se pueden potenciar con los juguetes, asegurarnos de ofrecer materiales que abarquen las diversas áreas del desarrollo y se ajusten a las inquietudes que en cada etapa nuestros chic@s puedan presentar, es la mejor manera de garantizar su uso.
c) Los tengan cuando sean necesarios:
Puesto que son instrumentos de trabajo, no soy de la opinión de ofrecer juguetes a los niños tan sólo en fechas señaladas. Las cosas que realmente como educadores consideremos necesarias es adecuado proporcionárselas cuando lo consideremos oportuno. En este apartado hay opiniones para todos los gustos, pero creo que es importante diferenciar entre "grandes adquisiones" o "lujos" y elementos necesarios. No entraré en los chantajes y amenazas pre-navidad, eso lo dejaremos para más adelante.
 
 
- El juguete, un espejo del mundo.
 
Precisamente porque gracias a él conocerán el mundo en el que viven y desarrollaran sus primeras habilidades y valores, es muy importante ser críticos con el material que les ofrecemos. Esto no pasa necesariamente por obviar nada, pero sí por saber qué mensaje aprenden nuestros hijos cuando lo adquirimos y/o juegan con él y decidir si estamos dispuestos a ofrecérselo o no. En este apartado juegan un papel muy importante la coeducación, la violencia, la conciencia medioambiental o de consumo... Por poner tan sólo unos ejemplos, ¿defendemos nosotros, como adultos, el consumo en cantidad o de calidad? ¿creemos en la igualdad entre hombres y mujeres? ¿nos preocupa la crisis nacional y apoyamos la recuperación del pequeño comercio?¿En qué medida los juguetes que adquirimos y cómo los adquirimos transmiten estas enseñanzas a nuestros hijos?
 
 
- Nothing compares to you.
Así reza la canción y así la canto. Si tu hija tiene una habitación de princesa Disney digna de un catálogo de interiorismo y aún así se pasa la tarde jugando en el salón "a tu vera" y ni con la megapiscina de bolas consigues que pase tu hijo pase un rato en su cuarto (salvo que le visite algún amigo), siéntete afortunad@... y aprovecha mientras puedas. Creo que una de las consultas que más frecuentemente atiendo es el famoso "aún no juega sólo" y como madre que soy no puedo evitar verme en unos años, vernos a tod@s, perisiguiendo a nuestros adolescentes y adultos jóvenes por cada esquina: a ver si logramos arrancarles un beso o "juegan un ratito con nosotros". Precisamente por ser el trabajo de un niño, es el del juego el lenguaje que mejor hablan a cortas edades. Complicidad, conocimiento y sincronías mutuos como los que se alcanza en un momento de juego real con tu hij@ (cuando los adultos conseguimos realmente jugar y obviamos whatsapp, portátil, tele y palomas mensajeras varias) son de un valor incalculable. Redúcele "las chascas" del dormitorio a la mitad y  pasa el doble de tiempo con él. Verás como ambos ganáis con el cambio.
 
 
- El dinero no da la felicidad...
 
... y nadie dijo que fuesen necesarias grandes inversiones para pasar un rato de lo más entretenido y productivo. Ya hablé un poco de esto aquí, pero no me cansaré de repetirlo (como mucho, vosotr@s os cansaréis de leerlo). Reutilizar, reinventar, reciclar... pueden ofrecernos soluciones originales y a veces incluso más funcionales que buscar en una tienda algo que ya existe (y a lo mejor ni siquiera es lo que buscábamos). Desarrollan la creatividad, favorecen el pensamiento alternativo y además !transmiten valores! ¿Se puede pedir algo más? (quizás sí... tener tanta inventiva como tienen nuestros peques... jejejeje).
 
 
- Puede que a tí no te sirva... pero quizás a otr@ sí:
 
Si has llegado a estas alturas del post, puede que te atrevas a considerar si todo lo que almacenáis ahora mismo en la "leonera" infanto-juvenil es realmente necesario. Si no es así... !no lo tires! Como el movimiento se demuestra andando, la venta, el trueque y la donación son tres alternativas que seguro os resultarán muchísimo más enriquecedoras que el deshaceros sin más de algo que, posiblemente, pueda resultar de utilidad para otras personas. Aprender a deshacernos de las cosas, a fluir, a no anclarnos en lo material y a renovarnos es algo muy complicado, máxime cuando se nos educa en la posesión y en el "eres lo que tienes". Pero ¿y si salimos de nuestra zona de confort y exploramos otras posibilidades? ¿Y si lo que necesitamos no tiene que ser necesariamente nuevo y vendiendo o adquiriendo de segunda mano ahorramos al tiempo que prolongamos la vida útil de un objeto? Y aún mejor... ¿y si prescindimos del "poderoso caballero" y trocamos, explorando los horizontes del valor subjetivo de las cosas? ¿No sería estupendo que nuestros peques crecieran sabiendo que si algo ya no nos sirve no hace falta esclavizarse a él sino que puede dejarse ir hacia otras personas que puedan necesitarlo? ¿Y si además de trocar, consideramos el donar porque no todo en esta vida tiene por qué hacerse esperando recibir algo a cambio?
 
Quizás del juego infantil no sólo puedan aprender los propios niños/as...
 
 
Espero que el megapost de hoy os haya resultado de interés o ayudado a reflexionar: si es así y pensáis que a otras personas también pueden interesarles, por favor, compartid. Y si tenéis cositas que aportar, bienvenidas sean. Así, entre tod@s, poco a poco lo iremos haciendo mucho mejor. Esa es la idea, ¿no? ;)

jueves, 12 de septiembre de 2013

Amar sin medida


Si hay algo que, a pesar de los años de trabajo nunca deja de sorprenderme, es la cantidad de padres y madres (sobre todo madres) que, aún aparentando llevar su vida en general y la educación/relación con sus hijos en particular "totalmente controlada" viven (vivimos) en un continuo torbellino de dudas, conflictos y luchas interiores. No es algo exclusivo de algunas, creo que todas andamos, con nuestros más y nuestros menos, un poco igual. Pero verlo desde fuera, que es cuando casi todo se muestra más evidente y destacado, asombra. Asombra y entristece, por qué no decirlo, porque no hay en la vida experiencia como la de "ser- siendo- madre"... y por H o por B, siempre hay algo que en cierta medida amenaza con enturbiarla.

Hoy quiero hablar de las presiones externas, pero tratando de concretar, porque este tema en relación con la crianza daría para ríos y ríos de tinta. Hoy quiero hablar del "amor sin medida" de una madre, que realmente es así, incondicional e infinito, pero que atemorizadas por lo que se dice por ahí, muchas veces se trata de dosificar. "Es como intentar ponerle puertas al campo", me digo y les digo. Y tratar de ir contra la corriente del corazón siempre trae consecuencias.

"No me gusta tenerle tan pegado a mí porque quiero que sea independiente". Pues claro. Eso es lo que queremos todos. Bueno no, exactamente no, porque, seamos sinceros/as, si por nosotros fuera tendríamos a nuestros niños/as acurricucaditos a nosotros muchos más años de lo que ell@s quieren estar. Pero sabemos que aunque el vínculo exista, poco poco abrirán las alas, emprenderán el vuelo y también deseamos que sea así. Lo que no termino de explicarme es de dónde sacamos la idea de que para que un niño/a sea independiente, confiado y seguro, hay que meterle un empujón a modo de ayuda.

El afecto de nuestros padres, su amor y apoyo incondicional, son las "pilas emocionales" de un individuo durante sus primeros años de vida. Conforme el tiempo transcurre esta influencia se comparte con la de otros elementos (amigos, pareja, etc.) pero en el inicio la fuerza motriz, la energía y la confianza la extraen de nosotros. Nos tiramos por un puente si nos sostiene un buen arnés. Nos lanzamos al vacío si abajo hay un buen colchón. Exploramos el mundo y nos atrevemos con él si, aún sin mirar atrás, sentimos el apoyo incondicional y sin medida de los nuestros. Nuestra autoconfianza se forja a partir de la que ell@s nos ofrecen. Nuestra independencia es posible, siempre que antes nos hayan dejado ser absolutamente dependientes.
 
Madres y padres que se quejan de "niños/as lapa" más por presión social que por otra cosa. "Si por mí fuera, lo tendría todo el día agarrad@ a mí, pero es que temo que se convierta en alguien débil e inseguro". No lo cojas en brazos que se va a acostumbrar. Oblígale a dormir solito, porque si no cualquiera lo saca luego de tu cama...
 
¿Habrá individuo más inseguro y atormentado que aquel que tiene que comprobar constantemente si su arnés en la vida está en esa ocasión o si por el contrario hoy ha decidido abandonarle? Esa ambivalencia en el apego, esa "lucha continua" por acaparar afectos y atenciones, que no deja der ser un lógico mecanismo de supervivencia, es de lo que tanto se nos queja el mundo exterior y que sin embargo sin saberlo fomentamos en nuestros "tira y afloja" con los niños. Si su hijo percibe que usted está deseando que cierre los ojos y parezca dormir para salir pitando del dormitorio creame, señora,le espera la noche más larga de su vida. Pero entiéndalo, no son ganas de fastidiar. Necesita de algo que usted le está racionando, como si estuviésemos en la posguerra de los besos: sólo que el amor es lo único que crece cuando se reparte y digo yo que no queremos enseñar a nuestros hijos que los afectos hay que conseguirlos con sangre, sudor y lágrimas, ¿no?
 
No me cansaré de pedirle a padres y madres casi a diario, con multitud de temas que con frecuencia me plantean, que dejen de luchar contra sus hijos. O al menos que no inicien cruzadas absurdas sobre cómo manipular los cariños, los tiempos, las atenciones. Ninguna persona se malcría por sentirse amado, nada malo se puede aprender al experimentar que puedes contar con los tuyos y, en el fondo, todos los sabemos.
 
Ese ese pellizquito en el estómago, esa penita en el corazón que nos surge cuando tratamos de poner barreras a lo que nuestra naturaleza de madres y padres nos lleva a hacer de forma instintiva. ¿Para qué negarlo? Nuestra parte más animal es la que mejor sabe lo que nos conviene como especie en estos casos. Y lo que diga la vecina... que para la vecina se quede.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Adaptándonos...

Bueno, bueno, bueno... ya estamos otra vez en pleno ojo del huracán, como suele decirse, con Septiembre pisando fuerte, la Vuelta al Cole rozándonos los talones y cierta resaca veraniega.

Para las mamis y papis de Monkey anunciaros que desde el lunes pasado me tenéis de nuevo incorporada a filas, disponible para tutorías, consultas y lo que necesitéis, sólo contactad con dirección o directamente conmigo a través de cualquiera de las opciones que normalmente os ofrezco.

Las sesiones de Escuela de Familias formalmente constituidas comenzarán un poco más adelante, una vez nos haya dado tiempo a tod@s a aclimatarnos al nuevo curso, horarios, etc. No obstante, dado que este es un período un poco singular y como complemento a la sesión que ofrecimos allá por junio del curso pasado, mañana lunes 9 de Septiembre a las 18 horas tendremos una nueva entrega centrada en el Período de Adaptación, manifestaciones y afrontamiento con l@s peques 0-3. Tanto si vuestro hij@ es de los más mayorcitos como si os cabe la duda de cómo se adaptan los bebés al centro educativo, este encuentro es un buen momento para plantear dudas y poner en común experiencias y soluciones de todo tipo.

Espero veros allí... !y poder compartir de paso alguna batallita veraniega, que siempre sienta de maravilla!

miércoles, 27 de marzo de 2013

Tele-asesora... jejejeje

 
Uno de los principales problemas con el que nos encontramos las mamis y los papis cuando queremos acudir a charlas, talleres, etc. es la falta de tiempo propio. Nos hablan de conciliación, pero a la hora de la verdad, conciliar, conciliar...no se concilia. Como mucho, se sacrifica (con gusto en la mayor parte de los casos, claro está). Las prioridades están claras. Pero ¿por qué tenemos que elegir?
 
Consciente y vividora en primera persona de esta situación, ofrezco a las familias que puedan necesitarlo la posibilidad de realizar tanto las asesorías como las escuelas de familia en su propio domicilio: con un grupito de mamis y papis con el que se sientan cómodos trabajando, y con la tranquilidad de que los peques juegan o hacen los deberes en el cuarto de al lado y no hay que salir corriendo a "apagar fuegos" a ninguna parte.
 
Si es vuestro caso, si siempre habéis dicho "quisiera asistir pero..." y al final nunca cuadra la agenda... escribidme y organizamos algo a vuestra medida. Y si queréis probar qué tal la experiencia, ahora tenéis la oportunidad de hacerlo:  hasta mediados del mes que viene Andalucía para Niños sortea una sesión presencial de Escuela de Familias a realizar antes del 30 de junio, en la que podréis invitar hasta un máximo de 5 familias y elegir el tema principal a abordar...
 
 
!Y no os olvidéis de los requisitos de participación, pues sólo quienes cumplan todos tendrán participación para el sorteo! ;)




lunes, 18 de marzo de 2013

Marzo... Marzo...¿ya estamos en Marzo?

... y este mes soy yo como el conejito de Alicia... tarde a todas partes... jejeje. La verdad es que está siendo un comienzo de año intenso a nivel laboral, ¿para qué quejarnos?
 
Pero tengo el blog abandonado y eso no puede ser. Para finales de semana prometo entrada nueva, es mi propósito de madrugada de domingo-a-lunes... ;). Mientras tanto, recordaros que tenemos un par de citas antes de marcharnos de vacaciones (bueno... para quien tenga de eso... :P).
 
Mañana Lunes 18 (bueno... hoy lunes 18) estaré en Monkey con el taller sobre Cuentos Infantiles: Cómo elegirlos, contarlos... !y disfrutarlos!. Papis y mamis del centro, ya sabéis: 18 horas, !vergüenzas fuera!: Hablar, hablaremos y teorizaremos sobre lo humano y lo divino, pero como el movimiento se demuestra andando... no os digo más ;).
 
Y el Martes 19 -Felicidades adelantadas a todos los papis, abuelos -papis por tanto-, josés, pepes, josefas, pepas y derivados- abordaremos el Juego Simbólico (¿ein?¿qué es eso???!Pues consiste en algo así como pasearse por la casa haciendo ninoninoniiiii cual ambulancia, entablillar al gato y preparar un consomé de plastilina al perro...jejeje). Será en La Gatita Lulú, a las 17 horas (llamad para reservar, no sea que os quedéis compuest@s y sin charla... :P)
 
Y como espero volver a escribir pronto, por el momento esto es todo amig@s.
!Buen comienzo de semana!

jueves, 14 de febrero de 2013

El barquito de cáscara de nuez

 
¿Alguna vez os habéis planteado cómo ve el mundo un niño? "Yo fui niñ@", me diréis. "Recuerdo tal, recuerdo cual, recuerdo bastante, no recuerdo casi nada". Pero, por mucho que rememoremos mentalmente, la sensación de ser niño, esa vivencia, ha quedado soterrada bajo muchas otras posteriores. De cuando en cuando, una sensación: asociada a un olor o a un sabor (la colonia que usaba la abuela, los caramelos rellenos de piñones).  Podemos concluir, más o menos intelectualmente, el cómo fue nuestra infancia. Y poco más. Una vez abandonado el País de Nunca Jamás, los adultos no volvemos. Lo rozamos, lo intuimos: al trabajar con peques, al ser padres/madres, ante una de esas sensaciones de las que antes os hablaba... Se trata de un Universo paralelo en el que no podemos entrar. ¿O será que no probamos a hacerlo?
 
Barquitos de cáscara de nuez, así visualizo yo a los niños cuando un problema, cambio o conflicto se cierne sobre la familia. Pequeños, frágiles y valientes mosquitos (como dice la canción) que han sido colocados ahí por decisión adulta y que navegan felices y confiados a pesar de su vulnerabilidad evidente en el mundo de los mayores: normas de comportamiento, reglas de funcionamiento, compromisos familiares, actividades extraescolares, viajes, rupturas, partidas, ajustados horarios y, en definitiva, un sinfín de oleajes que sortean con una habilidad espectacular en la mayor parte de las ocasiones. En situaciones más extremas la literatura habla de resiliencia -¿Quién de nosotr@s no puede considerarse un superviviente a sus circunstancias?-. En el día a día, basta observar durante un largo rato a un niñ@ para comprobar que, con la frescura y alegría con la que afrontan las cosas, hasta en los momentos más nublados cabe la posibilidad de que salga el sol.
 
Pero no nos engañemos: que nuestros pequeños mosquitos nos salgan valientes, arrojados, confiados, no nos da derecho alguno a traspasar las fronteras e "ir más allá" en nuestra increible habilidad de adultos de "tensar las cuerdas" de la vida bajo la excusa de que "es pequeñ@ y no se entera", "no tiene edad para decidir" o "eso es cosa de mayores". Desde el momento en el que un miembro se incorpora a la familia debemos hablar -y pensar- bajo la consideración de un miembro más: por congruencia y respeto -en primera instancia-- Por ahorrarnos problemas si queremos verlo desde el punto de vista egoísta.
 
Entienden. Y mucho. Tienen opiniones, preferencias, gustos y disgustos. Cualquier cosa -cualquiera!!!- puede ser explicada a un niño: para que sea comprendida según su edad y capacidades, pero, sobre todo, para transmitir a nuestra pequeña personita que como tal lo valoramos y que no se encuentra al margen de todo lo que sucede en su familia. Su micromundo de hoy le dará pautas de vida para el macromundo del mañana: un niño informado, tomado en consideración, acostumbrado desde pequeño a tomar decisiones -por muy nimias que puedan parecernos a los adultos- y llevar en compañía (que no bajo imposición) el rumbo de su vida será un adulto crítico que busque información, que no se deje llevar con facilidad, que sabe lo que quiere y no espera a que alguien se lo ponga por delante. Será el adulto que más quisiéramos muchos aunque, no nos demos por perdidos... porque no hay "mejor excusa" para mejorar como persona que tener bajo tu responsabilidad la educación de otra.
 
Barquitos de cáscara de nuez que aún no conocen el mundo ni la mayor parte de sus reglas de funcionamiento. Que se sienten vulnerables y a merced de la tormenta, y por eso (o aún a pesar de eso) confían en sus padres, abuelos y adultos cercanos para que les guién en su camino. Que precisan sentir que, pase lo que pase, se ponga lo fea que se ponga la cosa, SEGUIRÁN SIENDO PROTEGIDOS, RESGUARDADOS, CUIDADOS. ¿Lo visualizáis? ¿Podéis leer estas últimas líneas y colocaros, aunque sea por un instante en ese lugar?. Bien. Mantened esa sensación en mente y a partir de ella, haceros las siguientes preguntas:
 
 
- ¿Cómo necesitáis que vuestros padres actúen ante la muerte de vuestro ser más querido? ¿Qué os hace falta saber y qué no queréis que os cuenten?
- Pilláis a mamá vomitando en el baño. Lleva así toda una semana. Siempre que va al médico vuelve malita ¿Cómo os sentís y qué os hace falta en ese momento?
- La familia se traslada por cuestiones laborales a otra ciudad ¿cómo os sentís y qué os hace falta?
- A la hora de decidir en qué consistirá la agenda familiar del día/semana... ¿qué pediríais?
- Papá y mamá no se hablan. De repente, viven en casas separadas. Cuando vamos al cine mamá siempre invita a un amigo que no sabéis muy bien quién es ¿Cómo os hace sentir eso?¿Qué les pediríais?
 
 
La lista podría crecer. Como casi siempre, todo puede simplificarse en unas pocas conclusiones. Cuando no perdemos de vista quiénes son, en qué situación están y cómo necesitaríamos que nuestro entorno respondiense para dar lo mejor de  nosotros mismos, las respuestas a "qué hacer cuando..." vienen casi solas. 
 
No olvidemos el papel que un día nos comprometimos a jugar en la vida de otra persona:
No somos los capitanes de sus barcos. Pero sí la vela mayor que acompaña su rumbo.



lunes, 21 de enero de 2013

Lo que se siembra, se recoge.

 
En relación a las "normas de educación" en los niños, hablaba no hace mucho con una abuela en torno a la importancia de que se les insistiera en decir "Hola" o "Buenos días" y "Adiós" al interactuar con desconocidos. Contextualicemos el caso: niño de 3 años, en la típica fase de "no te conozco de nada, te miro muy serio y de reojo al menos diez minutos y luego lo mismo soy tu amigo para toda la vida... o no".
 
Pues no estoy de acuerdo. No debería insistírsele, y mucho menos obligarle ni reprobarle si decide no saludar. Es más: si queremos ahorrarnos el mal rato de ver "nuestro honor adulto" puesto en entredicho, mejor ni ponerlo en el compromiso del saludo. Así, todos tan felices.
 
Sí creo, firmemente, en que lo que me decía aquella abuela: "es que lo que se siembra se recoge". Pero, lo mismo que esa frase sería aplicable a los buenos modales (si eres educado con los demás, lo serán contigo), lo es para la educación de nuestros hijos e hijas (si respetas al niño en su individualidad y deseos, aprenderá a respetar a los otros en su individualidad y deseos). Creo que es cuestión de, convencionalismos y discursos "políticamente correctos" aparte, pensar en qué hacemos, por qué, y qué pretendemos conseguir en nuestra labor como padres/madres (o abuel@s, en este caso). Varias cuestiones, por tanto.
 
- Los adultos educamos más con nuestros actos que con nuestras palabras, ya que nuestros hijos e hijas disponen antes de la capacidad de ver e interpretar éstos que de entender nuestros discursos y parrafadas moralistas. Aceptada esta premisa, si deseamos que un niño o niña adopte por costumbre saludar amigablemente a personas desconocidas, más que decírselo, tendremos que actuar así nosotros.
 
- Por otro lado, debemos comprender que a partir de cierta franja de edad los niños desarrollan un sanísimo reparo con respecto a los desconocidos: sanísimo diría yo porque indica que su estructura cognitiva les hace comprender que no son personas cercanas, que pueden entrañar cierto peligro y que es más prudente valorar y evaluar que lanzarse a "hacerse amigo" de cualquiera. Esto, que a algunos padres y madres tanto les preocupa por lo bien o mal que les pueda hacer quedar desde el punto de vista social, es un recurso valiosísimo del que disponen los niños para garantizar su propia seguridad: de nosotros depende, con nuestra actitud y reacciones, contextualizar la conducta del niño como normal, apropiada y hasta cierto punto deseable o procurar anular este "mecanismo de defensa", despreciando su derecho a ser selectiv@ con quiénes se relaciona y en qué modo lo hace. Pero seamos consecuentes: luego no les pidamos que "si un desconocido te ofrece chuches o que te vayas con él, resístete". Hace tiempo que le enseñamos que su voluntad puede y debe doblegarse siempre que un adulto así se lo indique.
 
- En tercer lugar, siempre repito a papis y mamis la importancia de pensar "a largo plazo", planteándose qué es lo que en realidad se desea conseguir, y actuar en consecuencia. Con respecto al saludo, podemos conseguir fácil y rápidamente que nuesttro hij@ pase por el más educado del barrio. Podemos sobornarle con halagos y adulaciones, emplear algún tipo de reforzamiento material para ser positivos (menos barato pero igualmente efectivo) o, si la situación nos apura mucho, amenazarle con privarle de algo -material o afectivo... "si no dices "Hola" me pongo muy triste"- o, castigarle . Pero...!Qué narices, seamos práctic@s!. Si le metemos un bofetón o un pellizco, seguro que obtenemos los "Holas" y "adioses" más perfectos y vocalizados. El vecino de enfrente se va contento a casa (o le importa un pimiento, a saber) y nosotros hemos quedado de escándalo. Pero... aparte de manipular la voluntad de un ser humano, aparte de imponer la nuestra, ¿qué hemos conseguido? A medio plazo tendremos un niño o niña que ha aprendido a fingir un agrado y una disposición que no es real, que actúa en contra de lo que le dictan sus tripas, que se comporta con una hipocresía típica del mundo adulto. Y cuando lo hace, le premiamos por ello. No creo que sea necesario justificar más por qué no estoy en absoluto de acuerdo con obligar a un niño a saludar a un desconocido, a besar si no desea hacerlo, a pedir perdón ni mil ejemplos más que me plantean con frecuencia y ante los cuales siempre manejo el mismo tipo de argumento, porque en realidad todo se reduce a lo mismo.
 
Podemos explicar... debemos explicar-conforme nuestros hijos e hijas se hacen mayores- , al tiempo que -FUNDAMENTAL- ejemplificar en qué consisten los convencionalismos sociales, de eso no cabe la menor duda. El ser humano es un ser social y si decide vivir en sociedad (libre es si lo desea de no hacerlo) ha de aprender a desarrollarse y comportarse en ella. Pero hacerlo no significa adiestrarles en el manejo de cuatro palabras carentes de sentido, vacías de sentimiento, para luego pueda creer que disponen de cierto beneplácito encubierto para comportarse como les venga en gana pudiendo desarrollar todo tipo de conductas poco prosociales. Si realmente queremos contribuir a la educación de nuestros pequeños y pequeñas, debemos transmitir con el ejemplo nuestra actitud positiva hacia las demás personas, la sonrisa sincera (la que sale de dentro), el aprecio y entusiasmo por lo bueno y bonito de la vida -ése que se transmite con el brillo de las pupilas-. Debemos ser ejemplo y esperar, así sí, como el que siembra, porque sabremos que la consecha del futuro será pura y honesta... que es lo que hoy hace más falta que nunca.
 
Debemos fomentar que se relacionen con los de enfrente con cariño cuando dicho sentimiento les surja de dentro. Y para eso un niño debe sentir amor, bienestar y respeto propio. Ése que su abuela le enseña cuando, ante el pellizco estomacal de la decepción adulta (quizás porque no le apeteció decir "buenos días", porque esa mujer no le gustaba, o aquel lugar le daba miedo) sabe valorar lo realmente importante y realizar una apuesta por el futuro: la de la confianza y el apoyo incondicional. Los mismos que consiguen que, día tras día, el mundo le parezca a aquel niño un lugar un poquito más bello... y más seguro.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Reflexiones en la peluquería.

 
-"Puedes dejarlo llorar hasta 20 minutos, no le pasa nada. Lo digo porque yo lo he hecho y lo sé". - Comentaba una mamá A (18 meses) a otra B (6 meses) esta mañana en la peluquería.
-"Es que el papá dice que le da pena dejarla llorando". Replica B.
-"¿Pena? Pena tú, que tienes que trabajar al día siguiente". Contestaba la madre A.
- "También es que me siento culpable. La veo sólo un par de horas al día. Pero !es que se acostumbran a lo malo tan pronto!. Yo dejándola en su cuna todos los días por sistema y para una vez que la cojo, ahora quiere brazos". Plantea mamá B.
 
Las 10 de la mañana de un sábado es demasiado temprano para recibir tal bofetada de información, máxime si te dedicas a esto y lo único que querías era hacerte un simple corte de pelo. A los diez minutos, ambas madres comentan emocionadas el amplio despliegue de atracciones navideñas que la ciudad presenta este año, a dónde piensan llevar a sus peques y lo muchísimo que van a disfrutar. Realmente se las ve emocionadas.
 
Los quieren. De eso no me cabe la menor duda. Los adoran. Ambas coinciden en que es la mejor experiencia de sus vidas, lo que lo cambia todo, lo que las llena como personas. Y yo, entre punta y punta, entre capa de pelo y capa de pelo, no dejo de pensar en que hay algo que no me cuadra.
 
No saben lo que dicen. Les falta información, es la conclusión lógica. En algún momento escucharon -ambas de sus pediatras, me entero al rato- que "no puede ser" que con 6 meses no duerma sólo y de un tirón y que "ya puede ir leyéndose el "Duérmete niño" y están convencidas de que, como "es lo mejor", es lo que deben hacer. No me cabe otra cosa en la cabeza. Desconocen la otra versión de la historia, jamás han escuchado hablar de la teoría del apego, y asumen la creencia popular de que "si no tiene caca, ni sueño ni hambre no le pasa nada". Es así de sencillo. Si nadie les dice otra cosa, les plantea un "¿no has pensado que es posible que...?" con eso se quedarán. No nos confundamos... en el fondo piensan, honesta y sinceramente, que esa es la única verdad posible. No hay más opciones.
 
Recuerdo entonces la bofetada que aquella madre propinó a su hijo de apenas 2 años en pleno FIBES cuando, al ver a su padre coger el arco para tirar a diana, al niño le entró miedo y rompió a llorar desconsolado. Menuda bofetada, madre mía. Me dolió a mí. ¿Esa mujer no quiere a su hijo? Evidentemente no es la respuesta, seguro que lo adora. ¿Pensó en qué estaba haciendo y por qué? Casi seguro que no. Nos educan en la insensibilidad hacia el mundo, en la falta de empatía con el de enfrente... y si un adulto es complejo... la sensibilidad y la empatía que hay que desplegar ante un niño es puro arte.
 
¿O no? ¿Realmente es tan complicado? ¿O será que nos faltan los cuatro "chips" fundamentales para entrar en sintonía con nuestros hijos?. En plena #revoluciondelamor (Un gran ejemplo lo podéis encontrar aquí), con todo el mundo "en mis círculos" y lecturas habituales hablando de crianza con apego, respeto por los ritmos y necesidades infantiles, etc. me doy cuenta de que, si bien es cierto que cada vez más padres y madres se asoman a un "nuevo" modo de concebir la crianza, la tendencia mayoritaria sigue siendo la conductista.
 
Necesito que esta mujer pare de cortar ya, salir a la calle, tomar aire y organizar mis pensamientos. Hablar de cosas en las que estamos de acuerdo con gente con la que estamos de acuerdo no es en absoluto la solución. La demanda está en la calle. Puede que los adultos no sepan que necesitan escuchar, aunque sólo sea por una vez, otra cosa. Pero sus hijos e hijas están intentando hacerse oir... y por lo visto chillar en "idioma bebé" se soluciona cerrando la puerta.
 
No pienso decirle a nadie cómo debe criar a sus hijos. Pero de ahora en adelante, voy a buscar por todos los medios posibles, la manera de llegar a esas otras mamis y papis que sólo tienen una versión... para, aunque sólo sea por una vez, tratar de razonarles la otra.
 
No dejaré de decirlo nunca: tener hij@s es un privilegio tan grande, que me apena enormemente que alguien pueda no disfrutarlo como quisiera, por "vete tú a saber qué motivos".
 
Porque... ¿estamos segur@s de conocer nuestros motivos a la hora de educar a nuestros hij@s?


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LINKS DE INTERES SOBRE LA #REVOLUCIONDELAMOR

Ramón Soler y Elena Mayorga: La nueva revolución
Mireia Long: El viernes no se acaba el mundo
Elvis Canino: La revolución maternal
Alejandro Busto: La única revolución posible
Pilar Martínez Álvarez: Re-evolución: una revolución maternal
Leslie Power: La revolución del amor en redes y Es hora de una revolución del amor
Mª Pilar Gómez San Miguel: Cambiar el mundo con la revolución de la crianza

 

viernes, 21 de diciembre de 2012

Clementinas y Clementinos... la historia de los juguetes.

En los talleres sobre juego infantil much@s padres y madres se sorprenden cuando les planteo que lo importante no es el juguete en sí, sino toooodo lo que un niño o niña puede hacer de él. Por eso, alternativas a las compras tradicionales como el trueque o la venta de segunda mano son una opción ideal para hacer provisión de juguetes al tiempo que inculcamos a nuestros peques valores tales como la conciencia medioambiental, reutilización/reciclaje, solidaridad, etc.
 
Cada vez abundan más opciones de este tipo en nuestra ciudad en forma de encuentros, mercadillos, tiendas creadas al efecto o puestos de recogida y venta solidaria. ¿Para qué lo voy a negar? Estoy encantada. Conforme te habitúas a este nuevo modo de plantearte el mundo del juego y juguete te "enganchas" más: las cosas se ven y se disfrutan de otro modo, creo que muy al estilo de como lo hacen nuestros niños. Las posesiones ya no son bienes estancos con finalidad en sí mismas ("tener" para "ser"), sino un modo transitorio de satisfacer una necesidad que, como si de un río se tratase, trae a nosotros ciertas cosas y al mismo río devuelve otras. Todo resulta especialmente liviano, relajado... útil de mil maneras...yo diría que, simplemente, especial.

Esta mañana el peque y yo hemos estado en el Árbol Solidario de Plaza de Armas. Nuestra misión: montar el stand, recoger los juguetes que nos quieran traer y venderlos al simbólico precio de 1€, cuyos beneficios irán destinados a Duchenne Parent Proyect y Tal como eres, dos asociaciones sevillanas para las cuales toda ayuda es poca. Explicarle a un niño pequeño que aquellos juguetes no son para él sino para vender no ha sido tarea sencilla -2 y medio son pocos años aún para comprender el concepto en su totalidad, sobre todo cuando aún está tratando de digerir el de posesión...jejeje-. Pero soy de la idea de que los niños acaban por interiorizar como normal aquello que ven, y lo mismo que poco a poco comprende eso de "trocar", sé que no tardará mucho en enteder esto. Me gusta la idea porque bajo estas premisas siento como se prolonga la libertad con la que nacemos y que en pocos años merma estrepitosamente bajo el yugo del consumo (entre otros... para qué entrar en reflexiones más profundas a estos horas). Todos somos un poco Clementina, le diría yo a A.Turín, cuestiones de género a un lado: cargados de "chascas" inservibles que cuestan dinero, roban tiempo, ocupan sitio y nos impiden caminar con alegría. Me fascina poder pensar que, de algún modo, fomentando este tipo de iniciativas podemos evitar parte de esta carga adquirida a nuestros pequeños. No tanto por reducir lo material, sino por educar en otra forma de pensar menos autoesclavizante.
 
Llegó, montó mesas y sillas, preguntó unas mil veces "¿Ahora qué hacemos?" y "¿¿Puedo ayudar???". Y pasó las tres horas restantes haciéndome compañía, paseando a una muñeca vestida de comuníon en su carrito, cogiendo sonajeros para hacerla dormir, montando puzzles en equipo y observando a gente bienintencionada traer regalos, llevarse otros... todo por el simbólico -pero tan tan necesario- precio de 1€. ¿Qué os puedo decir que no se desprenda ya de mis palabras? Parece que va una haciendo un favor y sin embargo el favor se lo hacen a ella. La experiencia que mi peque se ha llevado, la que me he llevado yo, no tiene precio alguno. Será el cambio de ciclo del que hablaban los Mayas, quién sabe: pero hoy mis argumentos habituales retornan renovados y con las pilas bien puestas.
 
 
 
 
Quien no ha visto a un niño/a desprenderse de uno de "sus tesoros" y recibir otro ajeno con la naturalidad y sencillez como he visto hoy yo hacerlo al mío... tiene una "deuda pendiente" en su aprendizaje adulto, me atrevería a afirmar. Porque los mayores también tenemos mucho de lo que aprender... y por el momento la vida me confirma día a día que los peques son maestros de valor incalculable.
 
 
PD; hasta el 5  de enero de 2013, voluntari@s de mañana y/o tarde se agradecen enormemente. Más info:
 


OTRAS INICIATIVAS QUE OS PUEDEN INTERESAR:


Trueque adulto/infantil
https://www.facebook.com/mercadodetrueque.laplaza?ref=ts&fref=ts

Compra 2ª mano:
https://www.facebook.com/Ecopeque/212238492203007?fref=ts

En la Biblioteca Infanta Elena se organizan ventas benéficas de libros, consultar programación.

Creación de los propios juguetes, reutilización, reciclaje:






Manualidades infantiles http://www.manualidadesinfantiles.org

 

¿SUGERENCIAS?
!GRACIASSSSSS!

lunes, 26 de noviembre de 2012

No ser un@ más.

 
Aún puedo recordar el día que, teorías aparte, comprobé como, lejos de lo que contara el informe PISA, la educación necesitaba una reforma de cabo a rabo. O más bien... que pensé que más que una reforma un "desmotar el tinglado y comenzar de cero" sería lo más razonable. Supongo que la inspiración le llega a cada cual en un momento distinto. A mí me vino durante una clase de matemáticas, hace cosa de dos años, no creáis que más, y me dejó grabada a fuego una idea en la cabeza que me acompaña a donde voy y doquiera que ejerzo: no quiero que sean "un@ más".
 
Recuerdo que uno de mis chicos y yo pasamos una tarde resolviendo problemas de matemáticas, en concreto de la unidad referida a áreas, cuando llegó el momento de solucionar un ejercicio correspondiente al área de un hexágono inscrito en una circunferencia. Admitámoslo: el chaval en cuestión había estudiado poca teoría (por no decir nada), pero tenía claro los principios fundamentales. Me sorprende gratamente la capacidad de mis alumnos en lo referente a las diferentes asignaturas con las que se topan, pero sus razonamientos matemáticos me fascinan, quizás porque soy de "La Vieja Escuela" donde la letra con sangre entraba y nunca me acostumbraron a razonar en exceso la ciencia. Esto es así, y así se aprende. Mucha práctica, mil ejercicios, depurar la técnica. Pero de comprender, porquito.
 
Quizás por eso cuando, sin tener ni idea teórica de lo que hablaba, resolvió el problema de aquella manera, no pude evitar ovacionarlo por activa y por pasiva. ¿Que ha de estudiar más? Ya se lo digo yo, ya se lo dice su madre. Y su padre. Y la tutora. Y los abuelos. Pero, dejando aquello a un lado, él acababa de resolver un problema y a mí, con años de experiencia en el terreno educativo encima, me había dado una gran lección e insuflado una dosis de optimismo y esperanza que celebré a lo grande. Podía sentirse muy muy satisfecho de lo que acababa de hacer. Quizás por primera vez, al menos sí por primera vez en mi presencia, HABÍA RESUELTO UN PROBLEMA DE MATEMÁTICAS. Resultados correctos me había dado cientos en aquellos meses... pero aquello definitivamente se trataba de otra cosa.
 
Cara de estupefacción la que se me quedó al escuchar al día siguiente la reprobación con la que su profesora de matemáticas había recibido su "respuesta creativa" al ejercicio. Según ella, ése no era el modo de proceder. Más bien, aclaro yo -que lógicamente recurrí a cuantos profesionales de mi confianza pude para discriminar este hecho- NO ERA EL MODO EN EL QUE EL "SOLUCIONARIO"  del libro del profesor/a decía que el ejercicio debía ser resuelto. Rapapolvo, mofa, adoctrinamiento y un pasar "a otra mariposa" que quedó ahí tan sólo para la profesora, porque lo que es el chico en cuestión regresó a casa echando espuma por la boca... y -he de confesarlo- a mi parecer con razón.
 
No me malinterpretéis. Yo llevaba años ya predicando la necesidad de "un cambio de chip", de un "hacer las cosas de otro modo", pero no fue hasta aquel momento en el que me tocó tan cerca cuando realmente me convencí. Tener que explicarle a una persona en pleno auge de su capacidad crítica y deseo de autoafirmación que hizo algo muy bien pero que si desea aprobar (visto lo visto) "ha de hacer lo que dice y como dice" el "solucionario" de su profesora... es de las cosas más duras que me he sentido obligada a hacer.
 
 
 
Deducciones matemáticas espontáneas vilipendiadas. Fotocopiables a colorear donde no te puedes salir de la raya. Redacciones con temáticas prefijadas e incuestionables. Todos la misma canción y al unísono. Todos a la vez a hacer la ficha. Esa pegatina no va ahí, sino ahí. No saques los pies del plato...
 
Me pregunto si somos conscientes, como ciudadanos de a pie, padres y madres, hacia dónde nos lleva ésto. Hasta qué punto es compatible esta línea de trabajo con nuestros chavales (en la escuela, en casa y en la calle) con el ideal de ciudadano crítico y capaz que se supone deseamos formar. Lo mire por donde lo mire, no encuentro en qué momento doblegar la voluntad de una persona, obviar e incluso ridiculizar sus intentos de expresar creativamente su individualidad, acaba dando como fruto a algo diferente de un borrego. Y, acto seguido, pensando en que no somos los padres y madres sino el Estado el que dictamina por ley los objetivos y contenidos e incluso oposita en torno a metodologías homogeneizadoras a l@s docentes, la respuesta me surge sola: ELLOS sí que saben lo que quieren y lo están haciendo muy bien para conseguirlo.
 
Por mi parte, me lleva el doble de tiempo, pero cada vez que tenemos que resolver un problema de matemáticas desde ese día primero lo hace él "a su estilo" y después, si no coincide con las manías de su profe, lo traducimos a "lenguaje de solucionario". Un poco triste tener que llegar a estos extremos, pero no me siento capaz de aplastar una mente maravillosa como quien pisa a una hormiga...