viernes, 17 de enero de 2014

La pequeña saboteadora que una lleva dentro


Como es de esperar todo el mundo, sin excepción, que acude a mí buscando orientación o asesoría, trae una máxima consigo: "Quiero cambiar las cosas, quiero sentirme mejor, quiero desprenderme de esto que me oprime". Es un gran paso. Enorme. Y no dejo de felicitar a quien un día decide que desea dejar de sentirse mal, de ser arrastrad@ por los acontecimientos y coger el timón de sus circunstancias, tratando de reorientar el barco hacia donde realmente desea llegar. Sin ese primer paso, el de la consciencia y la determinación de cambio, no podría hacerse nada.

Pero no es suficiente. A lo largo del proceso de mejora, casi siempre surge una constante. Se aprencian mejoras, muchas mejoras: cambios de perspectiva y enfoque, de actitud, de ánimo. Y sin embargo, cuando todo parece estar orientado al éxito, se produce un bloqueo, un "siento que no avanzo y no sé por qué". A escasos metros de alcanzar la meta, con todo tan claro y tanto entusiasmo, algo se detiene y mi interlocutor(a) me mira buscando respuestas. Comprendo que desde dentro no se ve tan claramente. Desde fuera casi siempre se observa con una claridad impresionante: el pequeño saboteador, la pequeña saboteadora que llevamos dentro ha hecho aparición en escena. Y ahora toca lo más difícil: aprender a convivir con ella.

Influenciados quizás por el entorno cultural en el que nos criamos y desenvolvemos, por las creencias que nos rodean y nuestro modo de concebir la vida, la felicidad y nuestro derecho a ella, gran parte de nosotros crecemos anhelando una existencia que, un resquicio potente e interno de nosotros, se empeña en rehuir. En ocasiones porque de ciertas circunstancias, aunque duras y explícitamente odiosas, obtenemos algún tipo de beneficio o ganancia que de algún modo, aunque sea trágico, nos compensa no abandonar. En otras ocasiones, no necesariamente excluyentes a las primeras, porque no nos sentimos merecedores de ese bienestar, por mucho que digamos aspirar a él. Por eso, mientras que conscientemente hacemos grandes esfuerzos personales, económicos y mentales por desprendernos de nuestros problemas, incoscientemente nos boicoteamos: abandonamos la dieta justo cuando mejor nos iba, retornamos a esa relación amorosa que tanto nos dañaba una vez conseguimos romper todo lazo, volvemos a fumar cuando ya nisiquiera sufríamos de ansiedad por agarrar un cigarrillo.

Ese duendecillo bribón, esa duendecilla traviesa, suele estar ahí, haciendo su trabajo, contraponiéndose al cambio y a la mejora, aferrándose a esquemas ineficaces de funcionamiento y arrastrándonos a constumbres dañinas. Pero, no nos engañemos, no es nada ni nadie diferente a nosotr@s mism@s el que nos perjudica, y no por ser conscientes de ello debemos escondernos bajo la cama. Más bien al contrario: identificar los momentos en los que nosotr@s mism@s ponemos trabas a nuestros progresos resulta de gran ayuda para entender nuestras motivaciones (aquellas que son explícitas... y aquellas que no lo son), las "ganacias secundarias" que se asocian a nuestros problemas y el motivo por el cual a veces nos estancamos y no conseguimos abandonar algo que nos hace daño se mire por donde se mire. Una vez localizamos a la pequeña saboteadora que llevamos dentro, pedirle amablemente que se mantenga al margen de nuestro proceso de evolución personal y trabajar con ahínco para que así sea nos empodera que da gusto ;).

A lo largo de los últimos meses, han sido varias las personas con las que he coincidido en una reflexión común: quizás por ello he acabado escribiendo este post. A veces las reflexiones son tan simples, tan evidentes, que no se hacen y si se hacen, su importancia se minimiza. Me gustaría que ésta se quedase aquí.


"Sabes que algo no va bien, quieres que todo cambie, aspiras a que tu vida mejore. Ese es el primer paso, vayamos más adelante. ¿Estás dispuest@ a implicarte real y personalmente en alcanzar tu bienestar? ¿A observarte críticamente, a preguntarte por qué haces ciertas cosas y por qué no otras, a plantearte  que quizás haga falta algo más que buena voluntad para conseguir mejoras? Estas preparad@, en definitiva, para CAMBIAR, con mayúsculas? 
Porque si es realmente así, prepárate para sorprenderte:

Es increíble lo rápido que asciende un globo en el momento en el que se decide soltar lastre"


martes, 26 de noviembre de 2013

Pues no... no soy como Supernanny

 
Creo que una de las cosas que más escucho cuando hablo sobre mi manera de trabajar es la frase "¡Ay, cómo La Supernanny!". Respiro y trago saliva. Es complicado contestar a eso sin resultar desagradable, máxime cuando la persona de enfrente realiza una afirmación con el objetivo de darte a entender, con toda la buena intención del mundo, que captó el concepto. Ojalá lo que yo hago fuese tan sencillo de entender como lo que hace Supernanny, señora contra la cual no tengo nada en lo que a lo personal se refiere, pero a la cual no aspiro a parecerme profesionalmente ni tan siquiera de lejos. Y no es que "lo que yo hago" rebose misticismo por los cuatro costados. Es más: reconozco haber sufrido absoluta fascinación por las técnicas de modificación de conducta en mi época universitaria. Simplemente... es que por suerte un día la vida me hizo madre...y comprobé desde el sentimiento que UN NIÑO NO ES UNA PALOMA.
 
Luego llegaron los grupos de padres y madres, las charlas largas y tendidas, las lágrimas en el rabillo del ojo y las preocupaciones compartidas por tantas y tantas personas... y encontré en mil rostros diferentes la misma sensación de desconcierto, el mismo profundo anhelo por dar lo mejor de sí mism@... y las mismas limitaciones emocionales, esas que casi tod@s compartimos y que dificultan sorprendentemente algo tan natural como debiera ser la crianza. Supernanny no sabe de esto. O prefiere no entrar en esto... Supernanny se queda corta.
 
Y nunca he reflexionado esto en voz alta, o al menos de manera pública, a pesar de que en el "tú a tú" tengo por costumbre explicar que una cosa es trabajar a domicilio (como a mí me gusta hacer) y otra cosa es parecerme a esa señora. Los electricistas también trabajan a domicilio, oiga... y algun@s fisioterapeutas, y el chico que reparte las pizzas... ¿determina una labor su emplazamiento o aquello en lo que la misma consista?
 
Mi perspectiva, mi modo de enfocar las cosas es la de la crianza respetuosa/con apego. Respeto hacia los niños/as y sus necesidades, por supuesto, pero también hacia las que padres y madres sienten, y sufren y, ante las cuales, por un motivo u otro, muchas veces se mira hacia otro lado y no se busca respuesta. Y pienso y hago lo mismo en tu casa, que sentada delante de un café, que tras la mesa de un despacho. Además, por si sirve de algo para seguir marcando diferencias desde lo absurdo... jamás me veréis llegar en traje de chaqueta... jejejeje.
 
Podría contaros más, pero en lo que a mí me atañe, ya está todo dicho. Os enlazo a continuación un estupendo post de Edúkame, donde podréis entender un poquito más por qué ni quiero ser, ni acostumbro a ver a esta señora.
 
 

martes, 29 de octubre de 2013

Claves para elegir un buen juguete

 
Más del 50% de los juguetes que tiene tu hij@ en su cuarto no sirven para nada. Ni los que tiene el tuyo, ni los que tiene el mío, seamos sinceros. Y sin embargo, ahora que se aproxima el momento de redactar la carta a Sus Majestades de Oriente, ya estamos tod@s pensando en qué más pedir para satisfacer "supuestas necesidades supuestamente no resueltas": los catálogos comienzan a llenar los buzones, la publicidad su habitual bombardeo... los peques lo quieren todo y sus papis y mamis, por qué no reconocerlo, también.
Pero luego pasa lo que pasa: la ansiada mañana llega, los paquetes más que abrirse se devoran, dos primeros días alucinantes... y a la estantería o al baúl junto a los otros: muñecas, coches, ordenadores infantiles, artilugios varios (siempre último modelo). !Este niñ@ no valora nada, se aburre enseguida! - escucho a menudo.
"Quizás se lo estemos poniendo todo demasiado fácil" es el argumento más habitual que viene a sustentar la idea de que "no valoran nada" porque tienen de todo. Puede que así sea. Puede que no. Lo que llevo un poco mal, lo reconozco, es esa tendencia a culpar al niño/a de algo que normalmente es responsabilidad del adulto, pero que éste no quiere asumir. Acusar a niños de 2, 5 o 7 años por su falta de ética de consumo y responsabilidad social suena a chiste, sobre todo cuando en muchos adultos estos valores brillan por su ausencia. Quizás merezca más la pena pensar qué podemos estar haciendo "no del todo bien" para tener las habitaciones en modo "overbooking" y cada vez a más niñ@s mortalmente aburrid@s.
 

 

EN QUÉ PENSAR A LA HORA DE ELEGIR UN BUEN JUGUETE

 
 
- El 90% del juguete, es la niña o el niño que de él hace uso:
 
Nuestro pensamiento adultocéntrico nos lleva a valorar en un juguete aspectos tecnológicos, estéticos y comerciales (por ejemplo, marca) que para un niño/a pequeño carecen de valor. Sin embargo:
 
a) Cuanto más haga el juguete por el niño, menos hará el niño, es decir: más inútil será el primero. Un juguete al que le falta hacerte la cena no deja al niño jugar. Es lógico que se quede aparcado en un rincón a la primera de cambio. Si sólo permite un modo de juego correcto, si no deja "sacar los pies del plato" (que es en definitiva lo que uno debe hacer cuando juega: innovar, experimentar, crear), será muy chulo, pero poco más.
 
b) Cuando más condicione nombre o marca, más oportunidades de juego espontáneo y no estructurado se pierden: es indudable que a todos los niños les gustan los personajes de sus series favoritas y son los que habitualmente piden para jugar. Pero las posibilidades de creación y espontaneidad que ofrece la famosa muñeca sirenita son bastante inferiores a las de otra muñeca de "marca blanca" y sin rol predeterminado. Con la segunda un niño o niña puede crear desde 0. Con la primera parte de la creación viene con frecuencia condicionada.
 
AVISO: Aspirar a que nuestro niños/as prescindan de sus personajes favoritos es una gran utopía. Pero siempre es posible cuidar la variedad de opciones que ofrecemos. Los adultos sabemos que si alguien puede sacar una nave espacial de una simple caja de cartón, ése es un niño/a. No les subestimemos ni apoyemos por sistema la pérdida de semejante tesoro.
 
 
- El juguete es para el peque, no para tí:
 
Tod@s hemos crecido con anhelos incumplidos, para qué lo vamos a negar. Esa pista de carreras o el proyector de cine de moda, la casita de los muñecos de la tele o el perrito que anda, ladra, hace pis y da la pata. A todos los padres y madres nos sale de dentro esa tendencia a "darle a nuestros decendientes aquello de lo que carecimos". Pero seamos honestos con nosotros mismos. Hay NECESIDADES y "necesidades". Proyectar nuestros sueños incumplidos en nuestros hijos puede llevarnos a generar falsas urgencias que a la larga dificultan una parte importante de su desarrollo como personas: saber quiénes son, qué desean y cuánto lo desean, anhelarlo, luchar por ello, celebrar éxitos y superar "derrotas" (o más bien, incorporar aprendizajes). Dejando todas estos estos argumentos tan profundos e importantes a un lado, hagamos otro planteamiento más concreto y "palpable": Si al abrir el paquete el que chilla de ilusión eres tú, asume que tu hijo puede disfrutar contigo (y en ese caso, llevará "de rebote" el mejor de los regalos, que es tu compañía), pero no te mosquees si no lo alucina en colores. Quizás sus anhelos o necesidades actuales van por otros derroteros.
 
- El tiempo es oro.
 
Jugar es el trabajo de nuestros niños/as, y eso es algo que los adultos normalmente no comprendemos. Gracias al juego se adentran en el funcionamiento del mundo: sensorial, emocional, social. Jugando exploran, simulan roles, aprenden a resolver conflictos, experimentan lo posible y lo imposible. Una niña jugando es una pequeña científica con capacidad suficiente como para realizar por sí sola (o con un LIGERO apoyo) muchos de los grandes descubrimientos que nos atribuimos como especie: la fuerza de la gravedad, el uso de la rueda, el poder del diálogo en la resolución de conflictos, la variedad de colores que pueden surgir combinando tan sólo los primarios... Gracias al juego también desarrollan las capacidades y habilidades que les acompañarán durante su vida adulta: motricidad fina, gruesa, pensamiento lógico-matemático, habilidades sociales, aptitudes verbales y lectoescritoras... Puede que en toda nuestra vida no realicemos una tarea ni tan variada ni tan completa. Y sin embargo, aquellos que pasamos más de 8 horas diarias trabajando a veces en cosas que ni nos motivan ni nos dan para vivir como quisiéramos, acortamos el tiempo de juego libre de un niño/a a la mínima expresión, relegándolo a la posición de "aquello que se hace cuándo no hay otra cosa que hacer" (hoy por hoy y con estas agendas, nunca).
 
"Se pasa el día jugando" es un reproche adulto de lo más habitual. Pero es que ni saben ni deben hacer otra cosa que ver y vivir la vida como un juego. Y para colmo, con frecuencia ni tan siquiera esto es cierto: es comenzar una actividad, persistir en ella más de diez minutos, y al que hace once el adulto impaciente comienza a resoplar o suelta un "Ea, ya has jugado!!! Ahora vamos a...". Pero por favor... !ASÍ NO HAY QUIEN TRABAJE!. Se repite con frecuencia la frase de "qué pena que tras los Reyes sólo tengan un día para jugar" y lo que verdaderamente da pena es que sea casi el único día en que les permitiremos hacerlo.
 
 
- Cantidad y variedad, totalmente indispensables.
 
Los niños tienen que tener juguetes. Bueno no. Más bien los niños tienen el DERECHO A JUGAR. Y ya hemos visto que, además de un derecho, es casi una obligación. Sobre si hacerlo con o sin juguetes ya podríamos hablar más, porque de casi todo y con casi todo se puede montar un juego tanto o más divertido y provechoso que el comercial. Pero asumiendo que en nuestra cultura este tipo de función la asumen por lo general los juguetes, a la hora de seleccionarlos es importante que:
a) Tengan suficientes: no existe un número exacto y no es bueno sobrecargar, porque se saturan y casi siempre usan los mismos obviando otros que "por formar parte del decorado" quedan relegados a un segundo o tercer plano cuando quizás tienen mucho que aportar (es mejor ir rotando los que tenemos en casa que presentarlos todos a la vez precisamente por este mismo motivo). Pero, por muy imaginativo que sea nuestro hijo/a, con un par de juguetes y sin ninguna otra opción tampoco se va a ninguna parte. ¿Cantidad? La justa para ofrecer una variedad de experiencias y animar a su uso y exploración. Si parece que tu hijo "no se entretiene con nada" (argumento que me plantean con frecuencia las mamis y papis de los más peques), en vez de dejar de ofrecerle juguetes, prueba a revisar los que tiene y si estos satisfacen sus necesidades: quizás la clave sea una buena elección y no precisamente la cantidad.
b) Sean variados: Con la cantidad de aspectos que se pueden potenciar con los juguetes, asegurarnos de ofrecer materiales que abarquen las diversas áreas del desarrollo y se ajusten a las inquietudes que en cada etapa nuestros chic@s puedan presentar, es la mejor manera de garantizar su uso.
c) Los tengan cuando sean necesarios:
Puesto que son instrumentos de trabajo, no soy de la opinión de ofrecer juguetes a los niños tan sólo en fechas señaladas. Las cosas que realmente como educadores consideremos necesarias es adecuado proporcionárselas cuando lo consideremos oportuno. En este apartado hay opiniones para todos los gustos, pero creo que es importante diferenciar entre "grandes adquisiones" o "lujos" y elementos necesarios. No entraré en los chantajes y amenazas pre-navidad, eso lo dejaremos para más adelante.
 
 
- El juguete, un espejo del mundo.
 
Precisamente porque gracias a él conocerán el mundo en el que viven y desarrollaran sus primeras habilidades y valores, es muy importante ser críticos con el material que les ofrecemos. Esto no pasa necesariamente por obviar nada, pero sí por saber qué mensaje aprenden nuestros hijos cuando lo adquirimos y/o juegan con él y decidir si estamos dispuestos a ofrecérselo o no. En este apartado juegan un papel muy importante la coeducación, la violencia, la conciencia medioambiental o de consumo... Por poner tan sólo unos ejemplos, ¿defendemos nosotros, como adultos, el consumo en cantidad o de calidad? ¿creemos en la igualdad entre hombres y mujeres? ¿nos preocupa la crisis nacional y apoyamos la recuperación del pequeño comercio?¿En qué medida los juguetes que adquirimos y cómo los adquirimos transmiten estas enseñanzas a nuestros hijos?
 
 
- Nothing compares to you.
Así reza la canción y así la canto. Si tu hija tiene una habitación de princesa Disney digna de un catálogo de interiorismo y aún así se pasa la tarde jugando en el salón "a tu vera" y ni con la megapiscina de bolas consigues que pase tu hijo pase un rato en su cuarto (salvo que le visite algún amigo), siéntete afortunad@... y aprovecha mientras puedas. Creo que una de las consultas que más frecuentemente atiendo es el famoso "aún no juega sólo" y como madre que soy no puedo evitar verme en unos años, vernos a tod@s, perisiguiendo a nuestros adolescentes y adultos jóvenes por cada esquina: a ver si logramos arrancarles un beso o "juegan un ratito con nosotros". Precisamente por ser el trabajo de un niño, es el del juego el lenguaje que mejor hablan a cortas edades. Complicidad, conocimiento y sincronías mutuos como los que se alcanza en un momento de juego real con tu hij@ (cuando los adultos conseguimos realmente jugar y obviamos whatsapp, portátil, tele y palomas mensajeras varias) son de un valor incalculable. Redúcele "las chascas" del dormitorio a la mitad y  pasa el doble de tiempo con él. Verás como ambos ganáis con el cambio.
 
 
- El dinero no da la felicidad...
 
... y nadie dijo que fuesen necesarias grandes inversiones para pasar un rato de lo más entretenido y productivo. Ya hablé un poco de esto aquí, pero no me cansaré de repetirlo (como mucho, vosotr@s os cansaréis de leerlo). Reutilizar, reinventar, reciclar... pueden ofrecernos soluciones originales y a veces incluso más funcionales que buscar en una tienda algo que ya existe (y a lo mejor ni siquiera es lo que buscábamos). Desarrollan la creatividad, favorecen el pensamiento alternativo y además !transmiten valores! ¿Se puede pedir algo más? (quizás sí... tener tanta inventiva como tienen nuestros peques... jejejeje).
 
 
- Puede que a tí no te sirva... pero quizás a otr@ sí:
 
Si has llegado a estas alturas del post, puede que te atrevas a considerar si todo lo que almacenáis ahora mismo en la "leonera" infanto-juvenil es realmente necesario. Si no es así... !no lo tires! Como el movimiento se demuestra andando, la venta, el trueque y la donación son tres alternativas que seguro os resultarán muchísimo más enriquecedoras que el deshaceros sin más de algo que, posiblemente, pueda resultar de utilidad para otras personas. Aprender a deshacernos de las cosas, a fluir, a no anclarnos en lo material y a renovarnos es algo muy complicado, máxime cuando se nos educa en la posesión y en el "eres lo que tienes". Pero ¿y si salimos de nuestra zona de confort y exploramos otras posibilidades? ¿Y si lo que necesitamos no tiene que ser necesariamente nuevo y vendiendo o adquiriendo de segunda mano ahorramos al tiempo que prolongamos la vida útil de un objeto? Y aún mejor... ¿y si prescindimos del "poderoso caballero" y trocamos, explorando los horizontes del valor subjetivo de las cosas? ¿No sería estupendo que nuestros peques crecieran sabiendo que si algo ya no nos sirve no hace falta esclavizarse a él sino que puede dejarse ir hacia otras personas que puedan necesitarlo? ¿Y si además de trocar, consideramos el donar porque no todo en esta vida tiene por qué hacerse esperando recibir algo a cambio?
 
Quizás del juego infantil no sólo puedan aprender los propios niños/as...
 
 
Espero que el megapost de hoy os haya resultado de interés o ayudado a reflexionar: si es así y pensáis que a otras personas también pueden interesarles, por favor, compartid. Y si tenéis cositas que aportar, bienvenidas sean. Así, entre tod@s, poco a poco lo iremos haciendo mucho mejor. Esa es la idea, ¿no? ;)

jueves, 12 de septiembre de 2013

Amar sin medida


Si hay algo que, a pesar de los años de trabajo nunca deja de sorprenderme, es la cantidad de padres y madres (sobre todo madres) que, aún aparentando llevar su vida en general y la educación/relación con sus hijos en particular "totalmente controlada" viven (vivimos) en un continuo torbellino de dudas, conflictos y luchas interiores. No es algo exclusivo de algunas, creo que todas andamos, con nuestros más y nuestros menos, un poco igual. Pero verlo desde fuera, que es cuando casi todo se muestra más evidente y destacado, asombra. Asombra y entristece, por qué no decirlo, porque no hay en la vida experiencia como la de "ser- siendo- madre"... y por H o por B, siempre hay algo que en cierta medida amenaza con enturbiarla.

Hoy quiero hablar de las presiones externas, pero tratando de concretar, porque este tema en relación con la crianza daría para ríos y ríos de tinta. Hoy quiero hablar del "amor sin medida" de una madre, que realmente es así, incondicional e infinito, pero que atemorizadas por lo que se dice por ahí, muchas veces se trata de dosificar. "Es como intentar ponerle puertas al campo", me digo y les digo. Y tratar de ir contra la corriente del corazón siempre trae consecuencias.

"No me gusta tenerle tan pegado a mí porque quiero que sea independiente". Pues claro. Eso es lo que queremos todos. Bueno no, exactamente no, porque, seamos sinceros/as, si por nosotros fuera tendríamos a nuestros niños/as acurricucaditos a nosotros muchos más años de lo que ell@s quieren estar. Pero sabemos que aunque el vínculo exista, poco poco abrirán las alas, emprenderán el vuelo y también deseamos que sea así. Lo que no termino de explicarme es de dónde sacamos la idea de que para que un niño/a sea independiente, confiado y seguro, hay que meterle un empujón a modo de ayuda.

El afecto de nuestros padres, su amor y apoyo incondicional, son las "pilas emocionales" de un individuo durante sus primeros años de vida. Conforme el tiempo transcurre esta influencia se comparte con la de otros elementos (amigos, pareja, etc.) pero en el inicio la fuerza motriz, la energía y la confianza la extraen de nosotros. Nos tiramos por un puente si nos sostiene un buen arnés. Nos lanzamos al vacío si abajo hay un buen colchón. Exploramos el mundo y nos atrevemos con él si, aún sin mirar atrás, sentimos el apoyo incondicional y sin medida de los nuestros. Nuestra autoconfianza se forja a partir de la que ell@s nos ofrecen. Nuestra independencia es posible, siempre que antes nos hayan dejado ser absolutamente dependientes.
 
Madres y padres que se quejan de "niños/as lapa" más por presión social que por otra cosa. "Si por mí fuera, lo tendría todo el día agarrad@ a mí, pero es que temo que se convierta en alguien débil e inseguro". No lo cojas en brazos que se va a acostumbrar. Oblígale a dormir solito, porque si no cualquiera lo saca luego de tu cama...
 
¿Habrá individuo más inseguro y atormentado que aquel que tiene que comprobar constantemente si su arnés en la vida está en esa ocasión o si por el contrario hoy ha decidido abandonarle? Esa ambivalencia en el apego, esa "lucha continua" por acaparar afectos y atenciones, que no deja der ser un lógico mecanismo de supervivencia, es de lo que tanto se nos queja el mundo exterior y que sin embargo sin saberlo fomentamos en nuestros "tira y afloja" con los niños. Si su hijo percibe que usted está deseando que cierre los ojos y parezca dormir para salir pitando del dormitorio creame, señora,le espera la noche más larga de su vida. Pero entiéndalo, no son ganas de fastidiar. Necesita de algo que usted le está racionando, como si estuviésemos en la posguerra de los besos: sólo que el amor es lo único que crece cuando se reparte y digo yo que no queremos enseñar a nuestros hijos que los afectos hay que conseguirlos con sangre, sudor y lágrimas, ¿no?
 
No me cansaré de pedirle a padres y madres casi a diario, con multitud de temas que con frecuencia me plantean, que dejen de luchar contra sus hijos. O al menos que no inicien cruzadas absurdas sobre cómo manipular los cariños, los tiempos, las atenciones. Ninguna persona se malcría por sentirse amado, nada malo se puede aprender al experimentar que puedes contar con los tuyos y, en el fondo, todos los sabemos.
 
Ese ese pellizquito en el estómago, esa penita en el corazón que nos surge cuando tratamos de poner barreras a lo que nuestra naturaleza de madres y padres nos lleva a hacer de forma instintiva. ¿Para qué negarlo? Nuestra parte más animal es la que mejor sabe lo que nos conviene como especie en estos casos. Y lo que diga la vecina... que para la vecina se quede.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Adaptándonos...

Bueno, bueno, bueno... ya estamos otra vez en pleno ojo del huracán, como suele decirse, con Septiembre pisando fuerte, la Vuelta al Cole rozándonos los talones y cierta resaca veraniega.

Para las mamis y papis de Monkey anunciaros que desde el lunes pasado me tenéis de nuevo incorporada a filas, disponible para tutorías, consultas y lo que necesitéis, sólo contactad con dirección o directamente conmigo a través de cualquiera de las opciones que normalmente os ofrezco.

Las sesiones de Escuela de Familias formalmente constituidas comenzarán un poco más adelante, una vez nos haya dado tiempo a tod@s a aclimatarnos al nuevo curso, horarios, etc. No obstante, dado que este es un período un poco singular y como complemento a la sesión que ofrecimos allá por junio del curso pasado, mañana lunes 9 de Septiembre a las 18 horas tendremos una nueva entrega centrada en el Período de Adaptación, manifestaciones y afrontamiento con l@s peques 0-3. Tanto si vuestro hij@ es de los más mayorcitos como si os cabe la duda de cómo se adaptan los bebés al centro educativo, este encuentro es un buen momento para plantear dudas y poner en común experiencias y soluciones de todo tipo.

Espero veros allí... !y poder compartir de paso alguna batallita veraniega, que siempre sienta de maravilla!

jueves, 29 de agosto de 2013

Campamento familiar de magia... toda una experiencia.

 
Aunque con cierto retraso (!cómo podría llamar a este Verano si llevase perfectamente al día mi presencia en Redes!), aprovecho un ratito de tranquilidad para contaros mi particular vivencia del Campamento Familiar de Magia al que tuve la suerte de asistir hace un par de semanas. Será que el aire fresco que estas noches nos acompaña me recuerda a la Sierra, o quizás que mi peque lleva toda la tarde persiguiéndome con la baraja de cartas en la mano y diciéndome eso de "Mira mami!!! Como el mago Jossan!!! Te hago un truco??? Mete un dedo y coge una carta!!!"... jejejeje.
 
  
Cuando desde el Departamento de Actividades de Sevilla Para Niños me plantearon la idea me pareció estupenda. !Vacaciones familiares en plena naturaleza! Lo habitual es escuchar hablar de campamentos para niños. Pero !un campamento para toda la familia!!En el Remolino!!! (me declaro absoluta fan desde haceaños y forever and ever!!!). Y encima haciendo lo que a mi peque más le gusta (magia)! ESO YO NO ME LO PIERDO!!!
 
Y menos mal que no me lo perdí, porque lo que de allí nos llevamos (me llevé) superó con creces mis expectativas: los entresijos de algunos juegos de magia con los que sorprender a amigos y familiares, muchos "!OOOHHHHH!" y "!AHHHHHH!" de asombro ante las ilusiones de nuestro mago particular, carcajadas de las buenas, noches de cielo estrellado e incluso !nuestros propios aplausos!. A ver quién pensaba que en estas cosas sólo disfrutaban los críos. Porque los papis y las mamis enseñábamos poco orgullos@s nuestras recién creadas varitas mágicas y perseguíamos a Jossan por los rincones para las famosas "tutorías". !Vamos, ríase usted de Hogwarts, tiembra Harry Potter!
 
 
 
Y supongo que pesaréis que esto ha pasado de ser un blog profesional a uno personal y yo no he avisado, porque esto parece más una batallita veraniega que otra cosa. Pero aún a riesgo de que pueda parecerlo, no quisiera despedir el verano sin agradecer a tooooooodos los amigos y amigas que hicieron del Campamento Familiar de Magia algo más que una idea y lo convirtieron en una tremenda y enriquecedora experiencia personal y profesional. Porque iniciativas así, como la que han tenido la valentía de poner en marcha Jossan y Dani, nos enseñan lo gratifcante que puede ser el ocio en familia entre familias: el compartir momentos, inquietudes, afinidades y actividades. Padres, madres, hijos e hijas junt@s, revuelt@s y sin revolver. Disfrutando de una sobremesa tranquila entre pintura de dedos o siendo regados como lechugas en pleno huerto con absolutos desconocidos que en pocos días pueden pasar a apreciarse sobremanera.
 
Con respecto a los niños, !pues qué os voy a contar! Verlos concentrados, regadera arriba regadera abajo, dando de comer a los caballos, no saber por dónde andará correteando el peque y aún así respirar tranquila porque seguro seguro que un coche no le pilla... un lujazo, la verdad. Para ellos por poder disfrutarlo y para nosotros como m(p)adres por tener la suerte de presenciarlo.
 
 
  
 
 
 
Me planteaban algunos partcipantes que este tipo de iniciativas eran una buena manera de introducir a chicos y chicas en los campamentos veraniegos. Pues sí. Para que otros años puedan ir solos. Pues también. Para ver cómo se desenvuelve nuestro hijo/a con sus iguales y fomentar que se relacione. Cierto. La verdad es que utilidades le veo muchas. Pero añado yo que hay pocas cosas más enriquecedoras para una familia que el divertirse unida, cooperar para conseguir un objetivo, ponerse al mismo nivel y ser todos un poco niños, aunque sea tan sólo por unos días. Mientras que ensayábamos los trucos (ups! perdón! "juegos") para la actuación final no había padres, ni madres, ni hijos... el barco era el mismo para todos y pude sentir como a todos vino a beneficiar esa perspectiva que pocas veces adoptamos. En ocasiones los roles que desempeñamos nos hacen olvidar quiénes verdaderamente somos.  Es gracias al juego donde p(m)adres y hij@s confluyen y pueden hablar el mismo idioma.
 
 
¿Llevarlo otro año solo? Puede. Pero, para seros sincera, ahora mismo YO LO QUE QUIERO ES VOLVER CON ÉL!!! ;) (¿dónde hay que firmar, dónde hay que firmar? jejeje).